viernes, 22 de diciembre de 2017

El paraje de los degollados (Navalagamella, Madrid)

En este paraje existía en tiempos remotos un lugar de reunión y culto del temple en el que vivían varios de estos míticos caballeros templarios.

Sin embargo, después de que entrara en vigor el llamado Concilio de Viena, donde el Papa anunció la supresión del Temple, los monjes que allí vivían, al igual que los caballeros fueron ajusticiados allí mismo y sus gargantas y cabezas rodaron por aquellas verdes praderas.

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jueves, 21 de diciembre de 2017

La Barranca (Navacerrada, Madrid)

El hospital de la Barranca es sin duda un lugar en el que la mayoría de las personas que lo han visitado han tenido sensaciones extrañas y han podido observar luces en la inmensidad de la vegetación existente como linternas paseándose, que no pueden achacarse a ningún reflejo ya que al edificio no le quedan cristales.
Como ocurre en muchos de estos lugares abandonados, el edificio ha sido objeto de ciertos rituales satánicos, donde aparecen pintadas y restos de velas y otros elementos usados en esta clase de ritos.
Numerosos testimonios de personas que se han acercado hasta allí, nos hablan de ruidos de pisadas en las plantas superiores, mientras eran los únicos que estaban en el edificio. En muchas de las ocasiones sorprende el sonido de puertas abriéndose y cerrándose fuertemente, asi como el de ventanas, no viendo a nadie en toda la noche y estando completamente solos.

También se han podido obtener grabaciones en donde voces de otro tiempo piden ayuda o se cuela el sonido de gente que murmulla, insultos, gruñidos, respiraciones. En definitiva voces electrónicas agudas y graves que logran romper la barrera del tiempo y nos acercan su propio lamento.

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El Chaparral (Montejo de la Sierra, Madrid)

Dice la leyenda que ciertos carboneros y leñadores de Montejo afirman que el bosque conocido como El Chaparral está habitado por duendes y hadas y que éstas, juguetonas y curiosas, gustaban de engatusar a los visitantes y caminantes del bosque con sus caricias y dulces cánticos.

 Estos cantos tan melosos y atractivos servían para llevar a los paseantes hasta sus guaridas y convertirlos en animales tales como la lagartija o el petirrojo, con el objetivo de dotar al mencionado bosque de mayor número de habitantes y lograr así mayor encanto.

La Virgen del Remolino (El Molar, Madrid)

Precisamente en las tierras próximas a los viñedos -menos castigados por las heladas- se encuentra la Ermita de la Virgen del Remolino, la cual toma su nombre de la forma en que se apareció. Relata otra leyenda que un soleado día, un grupo de pastores con sus ganados cerca del río, vieron como un gran remolino transformaba el cielo en oscuridad, cambiando el paisaje por completo. Al limpiarse los ojos descubrieron una talla de la Virgen a medio desenterrar. Algo que se interpretó como un milagro a los ojos de la fe, aunque los más escépticos, explican esta aparición como un acto para preservar la talla de la virgen de la invasión musulmana.

Si bien, de la talla original no queda ningún resto ni grabado, los molareños conservan una nueva imagen de la virgen en la ermita situada al sur del pueblo. A este lugar acuden cada año los vecinos para recoger a su patrona y llevarla después a los festejos patronales. Una jornada también conocida como la del pan y el queso, pues se entrega a los quintos del pueblo una tradicional limosna a base de estos alimentos para que tengan fuerzas para subir los ocho kilómetros cuesta arriba que separan la ermita del pueblo.

Fuente del Toro (El Molar, Madrid)

Algunos documentos atestiguan que el pueblo fue famoso por unas aguas que curaban todas las enfermedades. Un agua de un sabor no muy agradable pero que fueron explotadas desde el S. XVII hasta el siglo pasado.
Aquellas aguas medicinales brotaban del manantial de la Fuente del Toro. Se la conoce con ese nombre porque parece que hace mucho tiempo un toro, enfermo de un tumor, abandonaba la manada para beber instintivamente de un manantial situado a un kilómetro de El Molar. El animal mejoró ante la extrañeza del pastor.
La fama de estas aguas se extendió a la corte y fueron probadas por personajes tan ilustres como Francisco de Goya, Manuel Godoy, la Duquesa de Alba, el Conde de Romanones o la infanta Isabel.
Tanta fue su popularidad y excelentes referencias, que en 1846 se levantó un balneario que contaba con baños de chorros y pilas para los baños generales. Pero un incendio y unas filtraciones en una conducción del Canal de Isabel II forzaron el cierre de la empresa a mediados de S. XX.

Ahora, el colectivo comarcal Sierra del Jarama ha retomado el agua como argumento para hermanar a los pueblos fronterizos con el río y han levantado fuentes de granito que podemos ver al inicio de la carretera de El Vellón.

lunes, 18 de diciembre de 2017

El cerro de Meco (Meco, Madrid)

Cuenta la leyenda que, en tiempos pasados, se acostumbraba a dedicar a algún Santo ya sea: un tiro, un campo de labor o hasta toda una mina. De modo que la mina que se encontraba en su mayor apogeo, fue encomendada a la Virgen patrona de esta ciudad, en el día de la conmemoración de su llegada, el 9 de agosto. Por tal motivo se le envío en una diligencia altamente custodiada, un cofre de madera preciosa, conteniendo en su interior un riquísimo lote de joyas.
 Mas para la mala suerte de quienes enviaban la ofrenda a nuestra Señora, un muy conocido y ambicioso bandido, el cual era el terror del estado de Jalisco, se enteró de aquel fabuloso tesoro, mismo que previamente había sido bendecido por el cura del lugar; sin embargo, más tardo en llegarle la noticia, que él en organizar una banda de cuatreros y asaltar el carruaje que lo transportaba. Tal sacrilegio, fue conocido y condenado en toda la región,  se organizaron búsquedas para intentar dar con los rufianes y rescatar el valioso tesoro, más a pesar de las ganas, de los múltiples esfuerzos, y de que se buscó en prácticamente toda la región, todo fue completamente inútil.
 Algún tiempo después, cuando el suceso ya se había olvidado, sucedió que a la casa de un humilde campesino que vivía solo y en la peor de las miserias, llego un hombre, que a simple vista, se notaba que gozaba de una muy buena posición económica, preguntando al ocupante de la pequeña casita, si este estaría dispuesto a realizar un sencillo trabajo; a lo que aquel campesino respondió inmediatamente que sí.
Así que se dirigieron juntos rumbo a una de las orillas de la ciudad, llegaron a una pequeña tiendita, donde sólo compraron una reata muy gruesa y prosiguieron su camino hasta llegar a las faldas del cerro del meco.
 Aquel misterioso hombre y el humilde campesino treparon por el cerro, hasta que llegaron a donde se encontraba un gran peñasco, se detuvieron y el silencio fue roto por el extraño hombre que le dijo al campesino, que entre ellos dos, tendrían que mover ese gran peñasco, por lo que ataron la reata a la gran roca y empezaron a jalar, en el primer y segundo  intento fracasaron, más sin darse por vencidos continuaron intentando, hasta que la gran mole termino por moverse, dejando al descubierto un profundo y oscuro pozo.
 En aquel instante, el misterioso hombre pidió al campesino atarse a un extremo de la soga, al  mismo tiempo que él ataba la otra punta, a un árbol cercano, el terror y miedo invadieron al humilde hombre, más la sola idea de ganar algunos centavos, le daban valor.
 Así fue que recibió las últimas instrucciones de aquel hombre: allá abajo encontrarás un cadáver que deberá ser ya un esqueleto, por ahí mismo habrá varios fajos de dinero, los cuales puedes tomar, todo lo que te quepa en tus bolsas, eso tómalo como justo pago a tus servicios; a mí me interesa que me traigas un cofre de madera que ahí mismo se encuentra.
 Armándose de valor pero con las piernas temblorosas, se introdujo en el pozo hasta llegar al fondo; tal y como se lo había dicho aquel hombre momentos antes; entre las penumbras, encontró un esqueleto, entre unos pedazos de tela, ahí también estaban el dinero y el cofre.

 Como pudo rápidamente lleno sus bolsillos, tomo el cofre y con un gran esfuerzo, llego de nuevo a la superficie; sin decir una sola palabra, ahí impaciente le aguardaba aquel extraño hombre, quien no sólo desconcertó, sino que además atemorizó más al humilde campesino: “por fin  descansaré en paz”  dijo y además le ordenó: “lleva este cofre a la Basílica de Nuestra señora de Guanajuato y entrégaselo en propia mano, al sacerdote en turno”; en ese mismo instante, como fulminado por un rayo, cayó al suelo lanzando un largo grito quedando finalmente sin vida, desapareciéndose en el acto. Era el famoso y temerario bandido, que años atrás, con su gavilla de maleantes había cometido el peor de los sacrilegios, y que al fin podía descansar en paz.

La chica fantasma (Majadahonda, Madrid)

Un hombre iba de noche en automóvil por la carretera de Majadahonda y se detuvo a recoger a una muchacha que hacía auto-stop. La joven le pidió que la llevase a Madrid, subió al coche y se acomodó en el asiento trasero. El automóvil reemprendió la marcha por un tramo sinuoso y al llegar a una curva pronunciada la muchacha rogó al conductor que disminuyera la velocidad, le advirtió que tuviera cuidado porque aquella era una curva peligrosa. El conductor la tomó prudentemente y cuando volvió al cabeza para decir algunas cosas a su pasajera se dio cuenta, con asombro, de que ya no se hallaba en el coche: se había evaporado.

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