martes, 27 de marzo de 2018

Virgen de la Nieva (Nieva, Segovia)


Un pastor, llamado Pedro Amador, que llevaba cada día a pastar su rebaño al pizarral fue testigo singular de un acontecimiento que tuvo lugar en el año 1392 en la localidad de Nieva (Segovia): la aparición de la Virgen de Nieva conocida como Virgen de Soterraña al haber sido encontrada bajo tierra. Una imagen que había sido enterrada en tiempos de la invasión de los moros, en medio de cánticos y oraciones, volvía de nuevo a ver la luz del día, a sentir el amor y súplica de su pueblo.
Sobre el lugar del prodigioso descubrimiento se edificó un pequeño templo que, gracias a la reina castellana Leonor de Lancaster daría lugar a una gran basílica a la par que la noticia de su milagrosa aparición se extendía por todo Castilla.
Precisamente este templo, en el año 1441, acogió los restos de la reina de Navarra Blanca, hija de Carlos III, esposa de Juan II y madre del Príncipe de Viana. La reina falleció cuando asistía en romería al santuario tras la boda de su hija Blanca con Enrique IV de Castilla. Una Reina, Blanca de Navarra, que a buen seguro pernoctaba en la Villa de Peralta cuando iba camino del Reino de Castilla.
Años más tarde en este lugar se establecieron los dominicos que fueron los que propagaron la devoción a la Virgen de Nieva fuera de Castilla.


Ermita de Santa Juliana (Navalmanzano, Segovia)


Cuenta una vieja leyenda de Navalmanzano que en tiempos unos frailes guardaban la ermita y en una cueva del otero escondían las riquezas y el vino que obtenían de sus posesiones.
Misteriosamente, de la noche al día, desaparecieron sin dejar rastro. Han sido muchos los que ha cavado grandes hoyos en el cerro buscando sus tesoros.


lunes, 26 de marzo de 2018

Los amantes de Navafría (Navafría, Segovia)


Al pie de la Sierra de Guadarrama, se encuentra Navafría. Esta localidad segoviana, cuenta con un magnífico pinar que alberga un parque recreativo. La cascada de ‘El Chorro’, ‘El pozo verde’ y ‘Las charcas’ son los tres alicientes hidrográficos de la zona, sobre todo durante la época estival. A estas tres maravillas se suman las vistas que desde sus 1.250 m de altitud sobre el nivel del mar permiten tener de la Sierra
El río Cega atraviesa el pueblo de sur a norte y ha servido desde tiempos inmemoriales a sus habitantes como fuente de vida, ya que ha sido utilizado para consumo humano, regadío de los huertos y como fuerza hidráulica para los martinetes, aparatos empleados antiguamente en las forjas del cobre. Desde su nacimiento hasta que desemboca en el margen izquierdo del Duero, el Cega recorre casi 150 km, atravesando a su paso las provincias de Segovia y de Valladolid.
Con motivo de que febrero es el mes de los enamorados, ya que alberga la fecha más romántica del año, la historia de este mes está dedicada a ‘los amantes de Navafría’: dos enamorados, condenados a esconderse por la oposición de sus familias. Como si de los Montesco y los Capuleto se tratase, los parientes de nuestros protagonistas prohibían su relación y obligaban a la pareja a buscarse y encontrarse en secreto.
Su lugar preferido era el ‘Pozo verde’ en el río Cega; allí acordaban verse siempre que la ocasión se lo permitía. Al igual que ocurría con los personajes shakesperianos, las diferencias de clase separaban a los jóvenes protagonistas. Nuestro Romeo segoviano se dedicaba al pastoreo y otras tareas que le permitían el sustento diario, mientras que la joven ‘Julieta’ debía prepararse para el momento en el que se convertiría en esposa.
Como a todas las bellas historias de amor, siempre les llega la tragedia: los jóvenes amantes fueron descubiertos y obligados a escaparse si querían continuar juntos. Lo más probable es que aprovechando la  noche se citaran en el Pozo, su lugar habitual de encuentro. Una vez allí y ya que no podrían permanecer unidos en esta vida, se zambulleron en el agua y decidieron ahogarse. Desde entonces, algunos vecinos de Navafría aseguran que se aparecen en la zona, pero si creemos en el triunfo del amor, nuestros enamorados deberían haber abandonado este mundo juntos y para siempre.
Los amantes de Navafría.

jueves, 22 de marzo de 2018

El reposo de Juan Bravo (Muñoveros, Segovia)


Corría el año 1521 cuando, tras la batalla de Villalar, ajusticiaron al comunero Juan Bravo. Entonces, según cuenta la historia, sus restos fueron trasladados a Segovia, al antiguo convento de la Santa Cruz. Pero 400 años después, en 1921, el Ayuntamiento de Segovia realizó una excavación donde hoy se encuentra su losa. Unos cuentan que no se encontraron huesos, mientras que otros dicen que sí se hallaron restos mortales, pero que se perdieron o desaparecieron.
Esta 'casualidad' hace más plausible la teoría de que los restos de Juan Bravo se encuentran enterrados en Muñoveros, en la iglesia de San Félix. Según la tradición oral que se ha mantenido en el municipio de generación en generación, fueron algunos de los amigos y fieles del propio Comunero quienes acudieron a la sepultura un tiempo después de su enterramiento y se llevaron el cadáver, bajo el temor de que su tumba fuera profanada.
También narran que Muñoveros, lugar que el comunero llevaba en su corazón, fue elegido para dar nueva sepultura a sus restos. Había pasado en el pueblo algunas temporadas de descanso y contaba con varias posesiones; algunas llegaron a sus manos como dote en su matrimonio con Catalina del Río, aunque tras la muerte de ésta, sus visitas al municipio eran cada vez menos frecuentes, por lo que en 1513 creó un fetosín para que todos los vecinos del municipio se pudieran beneficiar de las fincas.
Según la escritura pública, el terreno del capitán comunero se dividió en 64 suertes, que correspondían una a cada vecino, en propiedad, con una carga anual de una fanega de trigo y quince celemines de centeno, que corresponderían a los herederos de Juan Bravo. En el documento se marcó que cada suerte no era hereditaria de padres a hijos. Si fallecía el titular, la tierra sería para la viuda, pero tras su deceso, el terreno lo disfrutaría el vecino siguiente en el censo, tal y como se marcaban en la época la mayoría de estas cesiones. La leyenda continúa explicando como el cuerpo sin vida del comunero se colocó en el templo parroquial de Muñoveros, bajo el altar de la Purísima, pero posteriormente la lápida se situó a la puerta de entrada del templo y bajo ella los huesos.
Bajo una losa se pueden leer las palabras 'CJV está aquí', iniciales que, según los vecinos corresponden a Comunero Juan Bravo. Realidad o leyenda, lo que sí es cierto es que los habitantes de la localidad sienten gran debilidad y un especial cariño por este personaje. En la entrada de la iglesia existe un pequeño homenaje de Muñoveros a Juan Bravo en el que se puede leer la inscripción 'El heroico capitán comunero, ejemplo de dignidad y libertad. Tuvo posesiones y a temporadas vivió en este pueblo. Sus restos reposan en esta iglesia según se ha transmitido de generación en generación, desde aquellos lejanos tiempos hasta nuestros días'.
El arraigo de los vecinos de la localidad con la figura y la persona de Juan Bravo es tal que incluso en el Ayuntamiento de Muñoveros se encuentran algunas de sus antiguas armas. También en el lugar se encuentra una escultura de Abellá que representa al capitán comunero a los pies del patíbulo. Además una de las plazas del municipio, situada junto a la iglesia en la que reposan sus restos, lleva el nombre del Comunero Juan Bravo. También esta misma nomenclatura han tomado como referencia el centro familiar de la localidad y una de las asociaciones del pueblo.
En 2005 Muñoveros se hermanó con Atienza (Guadalajara), lugar de nacimiento del comunero, uniendo lazos entre el lugar de origen de Juan Bravo y el que parece ser es su último destino.
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miércoles, 21 de marzo de 2018

Virgen del Buen Suceso (Muñopedro, Segovia)


Se celebra, el primer fin de semana de octubre, La Virgen del Buen Suceso, cuyo nombre viene de una leyenda que dice que la Virgen se apareció a varios religiosos diciendo: ”Buen suceso habéis tenido”.
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El Bosque de los Milagros (Moral de Hornuez, Segovia)



Una tardecica de otoño de 1243 bajaban unos pastores con sus merinas de Soria a Extremadura cuando, al pasar por el sitio segoviano de Hornuez, dando ya vista a las cumbres de Somosierra, decidieron acampar junto a una sabina. Y allí fue que, por más que se afanaron, no lograron hacer fuego, y no lo hubieran conseguido ni con lanzallamas porque desde lo alto del árbol se lo impedía la mismísima Virgen, súbitamente materializada en una talla que emitía rayos de luz. La leyenda no precisa si la radiación era tambien calorífica, pero seguro que, con el susto, rompieron a sudar.
De poco le sirvió a la Virgen del Milagro de Hornuez -que así se llamaría en adelante- evitar aquel fuego: siete siglos más tarde, el 3 de octubre de 1913, a alguien se le fue la mano con las lámparas votivas, y la imagen milagrosa, reducida a cenizas, hubo de ser reemplazada por otra, que es la que hoy se venera dentro de una gran ermita con planta de cruz latina, en medio de un bosque de sabinas mastodónticas, tan viejas como la aparición, si no más, y con barbacoas donde los visitantes, para no variar, juegan con fuego.
El sabinar de Hornuez es la verde excepción que confirma la regla de los páramos grises que se extienden por el oriente de Segovia, desde el puerto de Somosierra hasta el Duero: un oasis donde -nuevo prodigio- se concentran las más grandes sabinas albares de España. Otro milagro sería que este santuario vegetal y espiritual estuviese libre de la plaga de los coches, pero, aunque no es así -hay dos carreteras, a falta de una-, nos queda la grata opción de aproximarnos a pie desde el cercano pueblo de Moral de Hornuez dando un rodeo por los cerretes que se alzan a poniente de la ermita.
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La niña muerta (Maderuelo, Segovia)


Las secas orillas del pantano parecían humedecerse a medida que las sombras de la tarde se hacían más obscuras, ahondando el cauce del Riaza. Sus aguas reflejaban el abandono de un pueblo milenario que se desmoronaba poco a poco, aun resistiendo a desvanecerse en el olvido.
Maderuelo, una vieja barca abandonada. Maderuelo, mas que barca varada, pequeño madero que se hunde en el lago del tiempo.
Al traspasar su robusta puerta, rumores e historias nos rodean y nuestra mente las revive de nuevo: la llegada de reatas de mulas con piedras de la cantera de Vega Palacio, los albañiles reparando las murallas, ya viejas en el año 1000, que han resistido siglos bajo el castigador sol castellano y sus fríos inviernos. Y el río, bordeado de árboles, que riega una estrecha vega y calma la sed de importantes rebaños de ovejas y vacas. Dispersos los barrios a los pies de la villa, poblados por gentes esforzadas y bulliciosas.
Las viejas piedras, blanqueadas por el sol y los hielos unas, obscurecidas por el moho otras, nos siguen contando historias del pasado.

En el siglo XV, vivió en Maderuelo un noble caballero, emparentado con los Chávez. Tenía una hermosa hija, María, menuda y proporcionada. Sus largos cabellos dorados nos dicen que era doncella. Sus ojos luminosos nos revelan la piedad de su alma.

Era querida en la Tierra de Maderuelo, bordaba, dibujaba e incluso escribía primorosamente. Pero la muerte la alcanzó a la edad de dieciséis años.
Unos cuentan que murió durante la ausencia de su padre, cuando esté viajó a rendir pleitesía al rey, su señor. Fue una época de reyertas nobiliarias y luchas civiles. Otros afirman que se la llevó la peste, que tantos huérfanos dejó en Maderuelo.
Su desconsolado padre, mandó ataviarla con sus mejores galas. Parecía un bello ángel dormido cuando aquella fría losa de pizarra negra cubrió su sueño en la capilla de los Chavez, en Santa María. En la losa, venida de la Sierra, un cantero esculpió un escudo escotado, cuartelado en cruz, con un águila bicéfala rampante, cinco llaves, un árbol entre perros rampantes y trece bezantes de oro, todos buena prueba de su ascendiente hidalgo.
Enterrada la doncella, la arqueta de madera e incrustaciones donde ella guardaba sus secretos también desapareció. Así se perdieron su salterio, sus dibujos y las cartas de amor secreto, como las de aquel joven enamorado que la prometió volver con el oro de Granada y allí perdió, los ojos primero, y la vida después.
Más de cinco siglos había descansado el cuerpo de María, cuando una reforma en la iglesia obligó a retirar la losa, dejando al descubierto un cuerpo momificado. María, querida hasta por la anciana Muerte, que respetó sus chapines y el justillo bordados en oro, el anillo de guerrero que ceñía su dedo. Conservaba sus largos cabellos, las manos sobre el pecho y los párpados ,cerrados, como si continuara dormida.
De pronto, un airecillo fresco rozó nuestros brazos y el escalofrío nos volvió a la realidad. Con un movimiento apenas visible, el badajo de la campana grande la hizo sonar levemente y su tañir, repetido por ecos lejanos, murió con la luz del día. Comenzó a lloviznear. Maderuelo, cuna de leyendas, sabía que se había revelado el secreto de su querida momia. Era ya hora de partir.