lunes, 21 de enero de 2019

El callejón del duende (Cádiz)

Dicen que el nombre se lo otorgaron a raíz del trapicheo y el contrabando que llevaba a cabo en este callejón un pirata muy conocido por los habitantes de la ciudad y al que respondía al nombre de "Duende".

    Pero existe una historia que sin duda es la que más se le asocia a este callejón sin salida.
    Cuentan las voces que se han ido propagando de generación a generación, que en tiempos napoleónicos, cuando los franceses intentaron invadir la ciudad de Cádiz, un valiente Capitán galo se enamoró perdidamente de una bella y hermosa gaditana, que con sus tirabuzones negros, su gracia piconera y su naturaleza guerrillera, dejaron prendado al apuesto Capitán francés.
    Este amor imposible era consumado en el estrecho callejón. A escondidas y en secreto se veían para dar riendas sueltas a su romance, ya que ella tenía un novio del cual quería liberarse.
    Pero una fatídica noche fueron sorprendidos ante las fulminantes miradas de los vecinos para luego condenarlos a muerte por su traición.

    Cuentan los vecinos del Pópulo que entrada la noche pueden observar las sombras de estos dos enamorados que, no dispuestos a prescindir del amor y la pasión que un día sintieron, vuelven a este lugar dos siglos más tarde para reencontrarse.
    El día de los difuntos, el callejón es adornado de velas que encienden los vecinos en memoria de aquella difunta pareja de enamorados.

    Y para finalizar la historia, mencionaremos al duende que se encuentra sentado en una de las macetas centrales del callejón. Así que cuando pasen por este particular callejón que da a la calle Mesón, en el barrio del Pópulo, no olviden guiñarle un ojo para que les reparta suerte.

jueves, 17 de enero de 2019

Cádiz y los cañones (Cádiz)

Seguro que toda persona curiosa que haya visitado esta ciudad ha tropezado alguna vez al doblar la esquina con unos guardacantones muy peculiares y guerrilleros. Y es que el casco antiguo de esta ciudad está repleto de cañones de artillería procedentes del siglo XVII XVIII y XIX, aunque también apuntan que algunos de estos cañones además podrían pertenecer al siglo XVI, desde el ataque de 1587, cuando los ingleses destruyeron la armada española anclada en Cádiz, en la guerra anglo-española de 1585-1604.

    Pero todo indica que la procedencia de la mayoría tienen su orígen en la batalla de Trafalgar (1805) y cuando las tropas napoleónicas intentaron invadir Cádiz (1810-1812).

    Dicen que los gaditanos somos muy luchadores y tenemos sangre guerrillera, y es que si algo hay que destacar de esta ciudad fortificada es que hemos tenido que estar defendiéndonos contínuamente del enemigo a lo largo de la historia.  Ha sido siempre punto de mira por su situación geográfica en el estrecho de Gibraltar y por ser puerto de unión con América y África para la práctica del comercio. Incluso fue elegida por Cristóbal Colón para zarpar a las Indias en su segundo y cuarto viaje.  

    Ciudad bombardeada y atacada en numerosas ocasiones por el enemigo, siendo completamente amurallada para protegernos. Ya los fenicios la nombraron Gadir, cuyo significado es "fortaleza", "castillo".
Cádiz en el s. XVI Foto extraída de internet. Click en la foto

Virgen del Pozo (Cádiz)

Situémosnos en el contexto de 1596, concretamente en el 16 de Julio.  Lo primero que nos conviene analizar es la mentalidad de la época, donde la fe cristiana se impone a todo lo demás y la sociedad se nos presenta profundamente confesional. La vida está regida no sólo por estamentos laicos, sino también directamente por los eclesiásticos, y la obra divina es algo común en cada hecho, en cada caso, todo aquello que se escapa un poco de lo común, si es positivo, se afirma como obra de la Virgen, o de Nuestro Señor Jesucristo.

    Con esto, volvamos al día de actos. 16 de Julio de 1596; las tropas del Conde de Essex, con bandera anglo-holandesa, están saqueando la ciudad, ensañándose con los objetos religiosos. Así, tomaron la Virgen del Rosario de la Hermandad del Rosario y la condujeron arrastras hasta la explanada de Santo Domingo, tirotearon el cuadro de la Virgen del Populo que estaba en la entrada de la Villa, y acuchillaron el de la Santisíma Trinidad (que aún se conserva). En total hay seiscientas ochenta y cinco casas destruidas o deterioradas, además de la Catedral, y varios templos y edificios notables.
    Se cuenta, que en uno de esos actos contra la religión católica de ese día, sacaron los soldados ingleses del Convento de la Candelaria a la Virgen para arrojarla a una hoguera. Un vecino de Cádiz, extrayendo de las llamas dicha imagen, la ocultó disimuladamente.

    Pasaron unos meses cuando ocurren los hechos que nos llevan a la elaboración de este artículo. En una casa colindante del Convento, un chiquillo cae a un pozo  y casi todos se temían lo peor. Los padres lloraban desconsoladamente ante la imposibilidad de sacar al niño del siniestro agujero que daba agua a la comunidad de vecinos. De repente el nivel del agua de dentro del pozo subió y con ella el despistado niño que había caído, sano y salvo y con una sonrisa en la cara.
    Respondiendo a las primeras preguntas, el niño respondía que una hermosa Señora que estaba en el fondo lo había recogido en sus brazos y lo había elevado hasta fuera del peligro.
    Examinada seguidamente la cisterna del pozo, encontraron la imagen de la Candelaria, que fue rescatada por aquel vecino que no quería que la quemaran.

     Si es una leyenda fruto de la desorbitada fé católica de una población que necesitaba el amparo divino, y sobre todo después de los actos que estaban aconteciento, o si por el contrario, hubo realmente una intervención divina o sobrenatural, quedará a juicio del estimado lector.

El cementerio de San José (Cádiz)

El cementerio de San José ha sido, según nos cuentan algunos de sus trabajadores, lugar de numerosos fenómenos paranormales, incluso para tratarse de un cementerio. Concretamente uno de ellos, Alfonso Cozar Romero, vigilante del lugar durante varios años, fue entrevistado por reporteros trabajando en temas paranormales, a los que contó varios sucesos que corroboran otros trabajadores del lugar. He aquí algunos ejemplos de lo que afirmó:
Una noche se encontraba en la caseta del guarda, haciendo su trabajo, y habiendo ya cerrado el cementerio, era muy tarde. Se puso a ver la tele en la caseta y de repente alzó la vista y vio que fuera, entre los nichos, se encontraba un joven con camisa de marinero y vaqueros, que le estaba mirando y le hacía señales para que fuera. 
    Alfonso salió y pensó que tal vez el joven se había quedado encerrado accidentalmente y quería salir, pero en su lugar continuó haciéndole señales con la mano para que le siguiera. El guarda le siguió, pero tras doblar una esquina el joven se esfumó. Alfonso vio que en una de las tumbas de la zona estaba la foto de ese mismo joven con la misma ropa que llevaba en ese momento.
    Alfonso vivió otros momentos de verdadero pánico cuando estando en su caseta de vigilancia, algo le golpeó en la espalda haciéndole caer. Temeroso de que alguien hubiese entrado para agredirle, se giró rápidamente y vio que se encontraba completamente solo. Según afirma, nada más darse cuenta los objetos de su caseta-despacho empezaron a moverse.
    En otra ocasión escuchó que, de muy cerca, alguien le hablaba en susurros llamándole "Primo…Tito..." Su primo estaba enterrado allí desde 1987, y Tito era el nombre que le daba a Alfonso. Alfonso sintió el impulso de ir a su tumba y, para su horror, descubrió que una escalera que andaba buscando estaba justo debajo del nicho de su primo.
    Por otra parte, existe en el cementerio una capilla con un gran Cristo crucificado, al que Alfonso asegura ha visto llorar y echar sangre en donde tiene las heridas de lanza. En esa misma capilla hay una losa debajo de la cual hay enterrada una mujer, y Alfonso afirma que cada vez que pasa por encima de ella, siente que se agita, en algunas ocasiones incluso llegando a moverle.
    Estos son algunos testimonios del guarda Alfonso Cozar, que según sus entrevistadores, daba la impresión de ser un hombre totalmente en sus cabales, muy normal y natural, difícilmente daba la impresión de inventarse algo. Por otra parte, otros trabajadores del lugar corroboran los sucesos extraños que por allí pasan, e incluso algunos visitantes del cementerio han sentido cosas extrañas. ¿Realidad o sugestión? Quien sabe...
Cedida por Mª Caridad Ortega

Un Cristo debajo del agua (Cádiz)

Uno de esos veranos de pandilla de colegas y playa, en los que la aventura nos llamaba diariamente y en los que, algunos como yo, soñábamos con ser el Doctor Jones que habíamos visto en la gran pantalla en la saga de Indiana Jones, nos llevó la casualidad o el destino a la playa de la Caleta de Cádiz. Allí tras varios días de tirarnos del Puente de Hierro o del Canal, me acordé de uno de esos recuerdos vagos que se tienen aún de más pequeño, en los que escuché hablar de un Cristo en una cueva entre las piedras, pero del que no tenía la más remota idea de su procedencia y lugar exacto, eso sí, recordaba a mi padre decirme que allí había un Cristo, que hacía unos años él lo había visto.
    Se lo comenté a mis más valientes amigos y cada uno hizo una pequeña indagación con sus otros amigos más cercanos, algunos ya viñeros, aunque muy pocos sabían la historia del Cristo, muchos si sabían que estaba allí, y hablaban de él como el verdadero arca de la alianza o algo así por el estilo. Conseguimos con el paso de los días descubrir que el cristo se hallaba cerca del "Aculaero", que nosotros no teníamos la más remota idea de donde se encontraba en ese momento. Preguntándole a los más viejos del lugar, expertos en la denominación de cada una de las piedras y partes de la caleta, pues son clave para situarse a la hora de mariscar, entrar con el barco, etc., conseguimos dar con la zona, y así preparamos nuestra expedición.

    Gafas de bucear con su tubo de las que vendian en Cobreros o en HiperCádiz  y unas aletas más antiguas que la  humedad, ese era el equipo de los que se disponían a buscar al Cristo. Yo, que debajo del agua me manejo peor que Belén Esteban a los mandos de un avión, decidí supervisar la operación aunque no lo viera (el miedo me podía). Se introdujeron en el agua en la zona indicada y a unos tres metros de profundidad encontraron el Cristo. La cara de mis compañeros era la del triunfo, como aquellos que han descubierto la Atlántida nos dispusimos a volver a casa y contar nuestra aventura a nuestros amigos y familiares. En mi casa al menos, no se sabía con exactitud el origen del Cristo porque quizás quien lo supiera, mi padre, ya había fallecido. Ahí quedó la historia, hasta que con unos años más, comprendí el origen del cristo y el por qué de su ubicación en ese lugar, y que quizás los submarinistas más expertos que me estén leyendo, lo conozcan.
     El cristo de "el Aculaero" está situado allí justo desde 1971. Es un Sagrado Corazón con los brazos abiertos, en memoria del deportista gaditano Raul Calvo Clavero que murió en un accidente ese mismo año, y luego en memoria también de todos los buceadores fallecidos en las aguas gaditanas.
     En su elaboración se utilizaron todas las pastillas de plomo del cinturón de lastre de Raúl y una pastilla de plomo de cada uno de sus compañeros, recolección que llevó a cabo el autor de la iniciativa, Paco Janeiro, campeón de pesca submarina y amigo de Raul. El cristo, fue obra de Ricardo Curia e Ignacio Ardila, también submarinistas, creándose en San José. Con un peso de 100 kilos y colocado en una base de hormigón a unos 3 metros en una cueva, a la que se puede llegar a pulmón libre, existió la tradición durante unos años de depositar unas flore en aquel lugar.
Ahí queda la historia de este cristo del s.XX que a unos niños como nosotros nos llevó a la aventura y a imaginarnos recorriendo el mundo en busca de tesoros y enigmas perdidos, cuando queríamos y soñábamos con ser pequeños arqueólogos como los que veíamos en la tele.

El descuartizador de Cádiz (Cádiz)

Javier y José Juan se conocían desde hacía años. Iban al mismo instituto de Cortadura y José Juan era muy apreciado por los padres de la víctima, ya que fue quien ayudó a que su hijo saliera de una pequeña crisis emocional. Ambos también compartían la afición de leer pasajes de la Biblia y hay quienes aseguran que tanto la víctima como el asesino estaban implicados en una secta.

    José Juan llevaba planeando el asesinato de su mejor amigo desde hacía dos semanas aproximadamente. El 21 de Enero del año 89, sobre las 16:00, mientras paseaba con su bicicleta, Javier se encontró con su amigo y éste le invitó a subir a su casa poniéndole la excusa de que quería enseñarle algo. Javier aceptó y subieron juntos al domicilio en el que estaba emancipado el asesino, en la calle Villa de Paradas núm. 3.
José Juan le pidió un último favor a su amigo. Quería hacerle unas pruebas de audición con su nuevo equipo de música. Le sirvió una copa y Javier se sentó en una silla mientras su amigo le vendaba los ojos y subía el volúmen de la música.

    Javier, muy concentrado en lo que estaba escuchando, recibió un fuerte golpe en la cabeza con una pata metálica de una mesa por parte de su mejor amigo.  Cayó al suelo semiinconsciente. El asesino, valiéndose de sus conocimientos en medicina, le clava un cuchillo a la altura del corazón para que no sufriera, creyendo que tendría una muerte instantánea, pero lejos de su intención, Javier aún permanecía vivo y José Juan le cubrió la cabeza porque le desagradaba ver el rostro de su amigo con los ojos abiertos y mirándole fijamente.
Decide descuartizarlo y meter los trozos en cinco bolsas de basura, excepto las manos, que las conservó dentro de un frasco con formol. José Juan le envía dos cartas a los padres de la víctima escritas a máquina, haciéndoles saber en ellas que su hijo había sido secuestrado y que si no depositaban doce millones de las antiguas pesetas en una cuenta de ahorro, Javier sería asesinado. Las manos las conservó para chantajear a los padres de Javier. En el caso de que se retrasaran en el pago, éste les enviaría un dedo cortado cada semana.

    Al día siguiente José Juan realizó varios viajes hasta la punta de San Felipe para tirar las bolsas con los restos al mar.
  Los padres de Javier decidieron ingresar el dinero y José Juan fue capturado por la policía tras extraer una cantidad no mayor a 35.000 pesetas en diferentes cajeros.

    Dicen que José Juan narró los hechos a la policía sin ningún tipo de arrepentimiento, asegurando que lo volvería a repetir.
José Juan fue condenado a treina y seis años de prisión, pero salió en libertad en Junio del 2004. Posteriormente recibió una segunda condena por robar en un supermercado de la calle "Huerta del Obispo".

    Las últimas noticias que se saben de él es que actualmente vive en Sevilla y visita a sus padres en Chiclana, pero tiene prohibida la entrada a Cádiz.

    Aparecieron rumores de que los vecinos de la calle Villa de Paradas núm 3, aseguran que transcurrido un año de aquel crimen comenzaron a escuchar ruidos y llantos de aquel joven, y que provenían del piso donde ocurrieron los hechos.

    Un anónimo nos hizo llegar que fue testigo de una conversación entre dos mandos del ejército y que estuvieron hablando sobre aquel piso. Comentaban entre ellos que el precio de la vivienda era muy barato pero nadie quería comprarlo. "Un matrimonio joven que lo compró lo dejó al poco tiempo al oir lamentos y quejitos durante la noche".
    Aquellos rumores fueron incrementados entre los ciudadanos de Cádiz durante muchos años.

    Quizás estemos una vez más ante rumores de fantasmas que se generan a raíz de una trágica historia. O quizás realmente los vecinos vivan intranquilos por los extraños ruidos y lamentos, pero lo más insólito de toda esta historia y sobre todo, lo que más nos preguntamos es qué clase de mente puede llegar a cometer una atrocidad como ésta. Sin duda alguna, un caso que estremeció y conmovió a todos los gaditanos.
Javier Suárez Samaniego, la víctima

La Casa del Pirata (Cádiz)

Cuenta la historia, que un pirata enamorado de la mar partió en su galera en busca de nuevos tesoros. Y por caprichos del destino, este pirata encontró uno de los mayores tesoros de la época, pero ésto le costó el naufragio de su embarcación y muchos años perdido en una isla desierta.

    Estaba desolado. Había cumplido su sueño pero para ello había perdido toda su vida.

    Justo antes de darse por vencido y perder las esperanzas, apareció por aquella isla un barco mercante. El pirata no lo dudó y dejó el tesoro para regresar a su tierra junto a su esposa.
Cuando regresó a casa después de tanto tiempo, creyó que su bella esposa dándolo por muerto se había vuelto a casar.  Pero al llegar a Cádiz descubrió muy sorprendido que aún le esperaba. El pirata, embriagado por la emoción, quiso premiar la fidelidad de su esposa y pese a la negativa de ésta, se volvió a embarcar rumbo a aquella isla para recuperar el tesoro, no sin antes prometerle a su mujer que sería su último viaje y que de tanta riqueza que le traería, la enterraría en oro.

    El pirata regresó y cumplió todas sus promesas, a pesar de dejar su pasión, que era la mar. Con tanta riqueza e intentando aliviar la pena del pirata, su mujer mandó a contruir una casa un tanto especial. Un torreón desde el que se podía ver toda la ciudad de Cádiz, incluso, la mar. La casa recordaba a un viejo barco, con grandes cristaleras que tenían la forma de las plumas de las gaviotas. Y un pequeño timón con el que poder simular sus fantasías y así navegar en su imaginación.

    Ahora, todo era perfecto o al menos, eso creía.
Poco después de terminar de construir la casa, la mujer contrajo una enfermedad a causa de la cual terminó falleciendo. El pirata nunca olvidó su promesa de enterrarla en oro, así que el féretro en el que enterró a su mujer estaba repleto del oro que había traído de aquella isla.

    La noticia recorrió toda la ciudad hasta llegar a oídos de unos ladronzuelos, que excitados ante la idea de hacerse ricos, profanaron la tumba de la mujer del pirata, sólo, para robar las riquezas.
    Cuando esta terrible noticia llegó a oídos del pirata, y pudo comprobarlo con sus propios ojos, preso de la repulsión y el odio, no dudó ni un instante en tomar su rifle e ir en busca de aquellos bandidos para quitarles la vida.

    A consecuencia de su delito, el pirata fue condenado a estar en la cárcel durante el resto de sus días.