viernes, 12 de abril de 2019

Las cinco colinas (Montoro, Córdoba)

Hace al menos unos 60 años un hombre natural de Montoro venía con su burro de trabajar del campo. Poco después de comenzar su viaje de regreso se encontró con otro hombre que iba andando. El dueño del burro le preguntó que para dónde iba y al decirle que se dirigía para el pueblo le ofreció que se montara con él en el burro.

Poco antes de llegar a Montoro, en un lugar llamado "La Cortaura" el dueño del burro notó como el hombre que llevaba atrás pesaba más y le estaba hincando cada vez más las uñas, en el momento en que el dolor de las uñas en su espalda se hacía insoportable, éste rodeó la cabeza para decirle que no le apretara tanto. En este momento se percató de que la persona que recogió por el camino no era la misma que estaba en esos momentos en su burro. Este individuo tenía unos dientes enormes y de un color verdoso, sus uñas medían al menos 12 cm. y sus ojos eran completamente rojos, como si estuvieran ardiendo.

El dueño del burro saltó de él y salió corriendo desbocadamente hacia el pueblo. Estando allí empezó a pedir socorro por todos los bares del barrio. La gente allí presente lo ignoraban puesto que ese hombre tenía fama de bebedor. Después de un par de minutos corriendo y gritando palabras imposibles de descifrar cayó redondo al suelo, dos hombres que estaban presenciando el acto corrieron a socorrerlo y se percataron de que estaba sangrando por la espalda. La impresión fue mayor cuando observaron que las marcas que el hombre tenía en la espalda no podía habérselas hecho ningún ser conocido hasta ahora.

Pocos días después de lo sucedido cuando ya estaba recuperado volvió a contarlo pero los habitantes del pueblo seguían sin creerlo. Un mes después éste falleció por causas desconocidas.


El final de este hombre tiene muchas versiones. Una de ellas es que desapareció y no se le volvió a ver jamás y la otra la que he escrito anteriormente, de todas formas, sea una o sea la otra las dos apuntan a que después de lo sucedido, la vida de este hombre no fue muy bien.

El Martinillo (Montilla, Córdoba)

Cuenta la leyenda, que en este lagar se aparecía un ser por las noches y hacía ruidos parecidos al golpeteo de un martillo, recibiendo el nombre de “Martinillo”. Ser, según cuentan, pequeñito probablemente semejante a un duende, que aterrorizaba a las gentes del lugar, logrando con ello que nadie se acercara por allí a determinadas horas. Ese sentimiento aún perdura hoy en día, pues algunas de mis tías cuando han dormido en el lagar sostienen, que a altas horas de la madrugada se oyen tantos ruidos, que no pueden dormir. Sin embargo mi abuelo, mi tío y mi madre creen que los ruidos provenían del ganado robado, escondido en el sótano, ubicado bajo una nave de tinajas que está en la entrada del lagar y que actualmente está oculto y casi hundido. Probablemente la leyenda fue creada para ahuyentar curiosos y poder seguir practicando la actividad ilegal del robo de ganado, que sería lo que salvó al lagar de su desaparición en tiempos económicamente difíciles.
También y en esta comarca, como en otras muchas existen leyendas de apariciones de fantasmas en lugares muy determinados, que no era otra, que el intento de asustar a los caminantes para que no pasaran por allí, ya que eran sitios donde ciertas parejas de enamorados se escondían para sus amoríos, no aceptados por los demás y así permanecer en el anonimato.

La camacha de Montilla (Montilla, Córdoba)

Don Miguel de Cervantes en su obra “Coloquio de perros” menciona en varias ocasiones a una bruja andaluza llamada “La Camacha”, y a quién en su inagotable imaginación, le atribuía toda una serie de prodigios como poder congelar las nubes, teletransportar a personas, poder cultivar rosas en diciembre y trigo en enero, entre otras cosas. (1)
El buen Cervantes, en contra de lo que podríamos pensar, no inventa el personaje, sino que se inspira en uno real, que vivió en la centuria de 1500, a quién realmente apodaban “La Camacha” y que fue condenada por bruja.
Su verdadero nombre era Leonor Rodriguez, y nació en Montilla, Córdoba, España, en 1532, y falleció en 1585, sus padres fueron Elvira García y Alonso Ruiz Agudo, a ella la bautizaron con el nombre y apellido de su abuela, y lo de “La Camacha” viene por el segundo apellido de su abuelo.
Leonor se casó con Antón García de Bonilla, al que según dicen, volvió loco con sus “hechizos” y falleció, de este matrimonio nacieron dos hijos, uno de ellos, también falleció por la “locura inducida” por “La Camacha.
Misteriosamente, esta mujer, desparece de Montilla durante una temporada, al parecer se marchó a Granada en donde aprendió brujería de manos de una mora, aunque ella se vanagloriaba de haber aprendido “este arte” de los mejores, ya fuesen moros o cristianos, incluso declaró haberse estado acostando con un “no bautizado” para aprender de este todos sus conocimientos nigrománticos.
Conocimientos que utilizaba, para bien o para mal, a cambio de sustanciosas cantidades de dinero haciendo que acumulara una sustanciosa fortuna.
Su “cocina” era bastante peculiar, ya que en ella no solo habían los enseres habituales de una cocina, sino toda una serie de extraños condimentos, como sapos, salamanquesas, y orines de negra, …
Como no podía ser de otro modo, fue procesada y sentenciada por el Santo Oficio de la Inquisición de Córdoba.
Al “juicio” se presentaron “cientos” de testigos que no solo corroboraban lo que decía la acusación, sino que incluso incrementaban estas acusaciones.
Evidentemente, “La Camacha” negaba todo hasta que fue “interrogada” con algunos de los medios que utilizaban en aquella época en los que la tortura era un método eficaz, como era de esperar, admitió todo lo que le quisieran imputar.
Leonor fue declarada culpable el 8 de diciembre de 1572, y sentenciada a una multa cuantiosa de dinero, desterrada de Montilla, y además al día siguiente,  montada en un burro, paseada por la calles de córdoba y azotada por cien veces, las misma que le azotaron posteriormente, y en base a la condena, en su pueblo de Montilla.

Los infantes de Lara (Córdoba)

Según cuenta la leyenda desde hace muchos siglos en la versión sanchina de la Historia de España, donde se recoge un antiguo cantar de gesta en el reino de Castilla que fue compuesto sobre el siglo X, aproximadamente hacia el año 990, y que ocurrió en la boda entre doña Lambra, natural de Bureba y don Rodrigo de Velázquez (conocido por Ruy de Velázquez),  hermano de doña Sancha Velázquez, que estaba casada con don Gonzalo Gústioz, Señor del enclave de Salas, ambos padres de los siete Infantes de Lara (o de Salas).

En dicha celebración se enfrentan los familiares de doña Lambra con los hijos de su cuñada de doña Sancha. En este altercado muere Álvar Sánchez, primo de doña Lambra, a manos de Gonzalo González (conocido por Gonzalillo), el menor de Los Siete Infantes de Lara.

Poco tiempo después estando bañándose Gonzalo González (Gonzalillo) como Dios lo trajo al mundo, es visto por doña Lambra, suceso que doña Lambra lo consideró como una provocación sexual a propósito, este hecho lo interpreta doña Lambra a su favor como una grave ofensa, y lo aprovecha  para vengarse de la muerte de su primo Álvar Sánchez, que a dicha fecha aún no había sido satisfecha, y ordena a su criado arrojar y manchar a Gonzalo González (Gonzalillo) con un pepino relleno de sangre, ante la risa burlesca de sus seis hermanos.

Gonzalillo reacciona matando al criado de doña Lambra, que se había refugiado bajo la protección del manto de su señora, que queda salpicado de sangre.

Doña Lambra convenció a su marido don Rodrigo (Ruy de Velázquez) para que urdiese un plan y vengarse de su sobrino Gonzalillo por los hechos acaecidos. Para dicha venganza don Gonzalo Gústioz (Señor del enclave de Salas) y padre de Gonzalillo González, es enviado al moro llamado Abu Amir Muhammad ibn Abi Amir al-Mansur (conocido por Almanzor 938-1002) primer Ministro del Califa de Córdoba Alhaken II (961-976), con una carta cuyo contenido ruega a éste que el portador de la misiva fuese asesinado; por supuesto que el portador de la carta y padre de los infantes desconocía su contenido, ya que estaba escrita en árabe.

Almanzor se apiada de don Gonzalo Gústioz y se limita a retenerlo preso en Córdoba en la casa de Las Cabezas, nombre por el que fue conocida con posterioridad, ya que consideraba que era excesivo el sufrimiento de su cautivo, que es aliviado por Fátima hermana del propio Almanzor.



El marido de doña Lambra, don Rodrigo (Ruy de Velázquez) dirigió a los Siete Infantes de la Lara a una emboscada ante las tropas musulmanas, don Nuño Salido, tutor de los Siete Infantes de Lara se enteró de la felonía de Ruy de Velázquez e intentó avisar a los Infantes, pero fue asesinado junto a ellos en los campos de Soria, y que a pesar de su valía guerrera, son decapitados y sus cabezas son enviadas  a Córdoba por órdenes de su tío don Rodrigo (Ruy de Velázquez), donde son contempladas por su padre  don Gonzalo Gústioz ante Almanzor, y que según la leyenda fueron expuestas en la calle de los Arquillos.

jueves, 11 de abril de 2019

El callejón de los muertos (Lucena, Córdoba)

A este paso tras la iglesia de San Mateo dicese llamar el Callejón de Los muertos pues era el lugar donde los nobles se retaban en los duelos a muerte. También dicese que era el antiguo camino al cementerio judio, tradicionalmente pasaban por allí todos los funerales.
 Descubriendo la Lucena Oculta también conocemos super interesantes historias sobre algunas calles  pues eran  puerta de paso de la primera muralla que rodeara Lucena, entre ellas  la calle Zamora o la Calleja de San Sebastian.

El Círculo Lucentino (Lucena, Córdoba)

El Circulo Lucentino originalmente perteneciente al Marqués de Torre Blanca fué adquirido como tal en el año 1868, comenzando en un principio como biblioteca tal como se cita a continuación:
Estando en interés de esta Sociedad el tener una biblioteca surtida de volúmenes bastantes a satisfacer los deseos de todos los socios que se dedican a la lectura, y comprendiendo los que suscriben que hasta ahora las juntas no han podido hacer lo necesario a conseguirlo, piden a la Junta general se sirva acordar se cree en esta Sociedad el cargo de bibliotecario que se dedique especialmente a la custodia de los volúmenes existentes y a procurar por los medios que le sean posibles se enriquezca dicha biblioteca, y acordar se proceda en este acto a la elección de un Señor Socio para dicho cargo. Lucena 29 de Diciembre de 1872”.
 “La lectura de periódicos y de libros fue uno de los alicientes que ofrecía el Círculo Lucentino a sus socios. En las primeras décadas del S. XX la Sociedad reunió una biblioteca muy nutrida. Se adquirieron obras de agricultura y se completaron los tomos que faltaban de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La cultura seguía siendo preocupación de pocos. La mayoría de los socios preferían las tertulias o los juegos recreativos. En los presupuestos se observa cómo la cantidad que se invierte en compra de naipes es superior a la que se destina para la adquisición de libros.”

miércoles, 10 de abril de 2019

Palacio de los Condes de Santa Ana (Lucena, Córdoba)

Todo empezó con las obras de restauración del antiguo Palacio de los Condes de Santa Ana y de la Vega, uno de los más bellos palacios barrocos de Lucena, allá por el año 2009. Los trabajadores encontraron en los sótanos del Palacio un hallazgo un tanto macabro: se trataba del cuerpo de un hombre enterrado y rodeado de varios crucifijos. El hecho se quedó en poco más que una anécdota y decidieron dejarlo tal y como lo habían encontrado sin llegar a saber la identidad del enigmático personaje. Pero, ¿qué era lo que había hecho este hombre para estar enterrado de tan extraña forma?
Pues bien, la historia se remonta a principios del siglo XX, cuando el Palacio de los Condes de Santa Ana fue adquirido por la familia Torres-Burgos. Y a esta familia le resultó muy extraño que la fachada, compuesta por cinco espectaculares balcones que dan a la c/San Pedro (una de las más señoriales de Lucena), no se correspondía con ninguna estancia interior. Es decir, por más que buscaban no daban con la habitación en la que se encontraban estos bellísimos balcones, así como otros tres que daban al primer patio del palacio.
Ante esto, la familia llamó a algunos albañiles, que, tocando sutilmente las paredes, hallaron que una sonaba a hueca. El nuevo señor del palacio dio la orden para que la derribaran y, cuál fue la sorpresa de todos los allí presentes, cuando ante sus ojos apareció un fastuoso salón de baile del siglo XIX.
Tras el hallazgo, la Familia Torres-Burgos se puso en contacto con un sobrino del último conde de Santa Ana, que les relató el por qué la familia se había deshecho de este maravilloso palacio, y el por qué de dejar tapiado el hermoso salón de baile:
Todo empezó en ese mismo siglo, el XIX, cuando el IV Conde de Santa Ana y de la Vega sorprendió a su esposa, doña Marina Fernández de Lincres, con su amante en este salón. Se decía que, a consecuencia de esto, el conde fue cegado por los celos y en ese mismo instante retó al amante de su esposa en la misma estancia, muriendo el amante a manos del esposo. Como venganza por su traición, el Conde dejó a su esposa encerrada en ese lugar, tampiando todos los balcones y entradas de acceso.
Como venganza, se dice que doña Marina roció todas las paredes con su perfume para que nunca su presencia cayera en el olvido. Murió allí, en ese salón que se convirtió en su tumba en vida. Finalmente, el señor conde hizo derribar una de las paredes y darle a su esposa santa sepultura en Granada, y tras esto dispuso volver a tapiar de nuevo la pared y vender el palacio.
Y, desde entonces, cuando la oscuridad de la noche se mezcla con el escalofrío de la madruga, se cuenta que en el palacio encantado de Santa Ana se ve una figura femenina que recorre todas sus estancias del palacio, hasta que finalmente su espectro desaparece en el sótano para reencontrarse con su amor…
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