Según la leyenda, existía en el siglo XVIII un demonio con pies de ave vestido de franciscano llamado Diente Negro que deambulaba por el Altiplano Murciano persiguiendo a los no creyentes.
Un día, un labrador según Salvador Martínez se llamaba “Martín” (que llevaba una vida pecaminosa) salió de la casa de Don Gabriel Ortuño con las mulas a darles de beber a un manantial de noche tras una larga jornada de faena. Mientras iba caminando de repente se le apareció un hombre vestido de franciscano preguntándole donde estaba la Finca de la Magdalena, porque allí estaba una comunidad franciscana. El campesino le indico la dirección correcta. Tras esto se agacha el labrador a atarse las alpargatas y al ver los pies de ave del demonio, sale huyendo con las mulas dirección a su casa de Yecla. Le iba persiguiendo el demonio para alcanzarlo pero le dio tiempo a regresar a su casa. El demonio casi lo alcanza pero al cerrar el postigo de la casa del labriego y al tocar el postigo el demonio se quemó la mano. El demonio le exclama al labrador desde el otro lado “¡Anda que si no es por las reliquias que te puso tu madre no te habrías librado de mí!. Por lo que su madre previamente le cosió unas reliquias en su ropa.
Fue admitido en la Orden Descalza de San Francisco. Llegó a ser sacerdote y famoso orador conocido por Fray Martín de la Mota en unas versiones o probablemente fray Pedro Ortega. Predicó en esta Villa algunas cuaresmas con grande fruto, y después de observar su regla con la más ejemplar virtud y sumisión, falleció y fue enterrado en el convento de Villena en la mas santa reputación.
Esta leyenda se cuenta a los niños pequeños para que nunca se quitasen las reliquias de sus ropas para poder evitar los ataques de Diente Negro y portarse siempre bien.