jueves, 16 de enero de 2025

El Hornico Fuster (Ulea, Murcia)

 Acabando el siglo XV, y a principios del XVI, llegaron unos pastores, de origen morisco, a Ulea. Los campos uleanos eran ricos en pastos y aquí se instalaron durante largas temporadas. Procedían de la comarca de Albaida y se apellidaban Fuster. El mayor de ellos Jaime Fuster Payá, pariente de los Payá, que por defecto de trascripción derivó en Pay, se instaló en las inmediaciones del paraje “El zapatico”. Pues bien, Jaime Fuster se pasaba períodos de diez y quince días- en las épocas de verano-, durmiendo en las dehesas junto a su ganado. Como es natural se llevaba ropa y comida para esos días y entonces volvía a su vivienda para estar unas horas con la familia, asearse, cambiar de ropa y proveerse de víveres para otra temporada y así año tras año, hasta que en 1547 desaparece el apellido Fuster de Ulea, pues solamente dos generaciones tuvieron hijos varones. Ese fue el motivo de su extinción.

La zona más rica en pastos era la que circundaba la ladera del monte el Castillo en donde se formaba el barranco próximo al zapatico en la margen izquierda de la carretera que une Ulea con la que comunica a Murcia con Madrid.

Como es lógico Jaime Fuster, y sus hijos, se hicieron una pequeña cueva, en la parte alta del barranco, a salvo de las avenidas y con las dimensiones suficientes para resguardarse de las inclemencias del tiempo. Allí, con dos piedras altas y alargadas hizo un pequeño horno que atizaba con leña del campo y servían para calentar la comida fría que traía de su casa y asar el tocino fresco de su matanza. También lo utilizaba para encender una pequeña hoguera que le aliviaba ante las adversidades climatológicas.

Allí, sobre la misma curva, por donde pasaba la carretera antigua,- ahora dista unos 20 metros-, se encuentra una pequeña oquedad, casi desaparecida por el paso de los años, en donde los Fuster tenían su pequeño horno. De ahí el nombre de “Hornico de Fuster”.

Venta Puñales (Ulea, Murcia)

 La venta Puñales –antiguamente conocida como “Venta Miñano”- está situada en la margen izquierda de la Autovía Madrid-Cartagena a unos 500 metros del cruce de Ulea.

Se erige sobre un montículo peñascoso, entre pinos, palmeras, adelfas y mimosas. Pertenece al término municipal de Ulea.

Su nombre se debe a que a mediados del siglo XIX, una pandilla de bandidos capitaneados por un joven apuesto, bien vestido y de buena figura, que le llamaban Periago, tuvo, durante varios años, en vilo a Murcia y su provincia, comandaba una pandilla cuyos secuaces eran conocidos por el nombre de la “partía del vivillo”. Eran el terror de las ventas, casas de campo y de sus habitantes. Usaban escopeta al arzón y canana a la cintura.

El jefe de la pandilla, de barba recia y bien poblada y con grandes patillas, respondía al nombre de Periago. Era sagaz, escurridizo y vivo (de ahí la cuadrilla del vivillo).

Las autoridades dieron la orden de caza y captura y pusieron precio a su cabeza. La oferta, sin embargo, no estimuló a los temerosos ni él sintió miedo al saberlo.

Cuenta la leyenda que en uno de sus múltiples asaltos, el joven bandolero, intentó atracar a los huéspedes de dicha venta, pero su asalto fue fallido ya que el ventero había entregado a cada uno de sus huéspedes un puñal para garantizar la defensa y seguridad en el hospedaje. Cuando Periago creyó que tenía dominada la situación, el ventero, trabuco en mano, y los huéspedes blandiendo los puñales consiguieron que huyeran hacia Murcia. En los campos de Molina se cobijaron a descansar en una cueva, en donde dos pastores consiguieron aplastarle la cabeza, con unas piedras, mientras dormía.

Fue muy sonado y celebrado el final de este bandolero que consiguió amedrentar a los habitantes de la comarca. Desde entonces la “Venta Miñano” cambió su nombre por el de “Puñales”.

Las gallinas del diablo (Ulea, Murcia)

 No había hombre más sagaz, astuto y trapisondista, para los tratos y cambalaches, que Nicolás “el recovero”. No lo había en toda la comarca. Dotado de una inigualable verborrea, nadie se le resistía en compras y ventas. En estos tejes y manejes, era el número uno. En fin, en todos estos menesteres, Nicolás era único e irrepetible.

El buen hombre portaba en su burro unas enormes aguaderas, donde metía de todo. Así recorría todas las casas del campo. Desde Fortuna a La Garapacha, desde San Joi a Campotéjar y desde Los Pelegrines a Ulea, no había un palmo de terreno sin hollar por “sanguino”, mote por el que cariñosamente llamaba a su jumento.

Cuentan que cierta vez, al regreso de uno de sus viajes y a lomos de su jumento, iba haciendo recuento de sus suculentos beneficios y pensando lo bien que le había ido el día, con sus innumerables trapicheos. Tal vez vendría el hombre regocijándose del engaño que había sufrido alguno de los campesinos, vendiéndole o cambiándole algún pavo aquejado de gargajillo, gallina con piojera o pollo con moquillo. Probablemente andaría a vueltas con su conciencia.

El caso es que al llegar al Hornico de Fuster, situado en la carretera que une Ulea con la carretera general, sus ojos quedaron atónitos ante la vista de una docena de gallinas que se ofrecían tentadoras a sus largas manos, para echar en sus aguaderas. Aquello era un sueño, un Milagro, y ¡Tan quietecitas¡ tan mansas. Nicolás vio el cielo abierto y, como la ocasión la pintan calva, se puso mano a la obra, agarrando con todas sus fuerzas a la más hermosa; un preciado ejemplar.

Pero aquí viene lo gordo: la gallina, nada más presa de las manos de Nicolás, empezó a aumentar de tamaño y peso, hasta que se hizo más grande que su propio jumento .Aquello era imposible sostenerlo en las manos.

Nicolás cayó en la cuenta y horrorizado la soltó, diciendo: ¡Esto es cosa del diablo¡ y con el mayor susto de su vida , salió corriendo; despavorido.

Cuentan que pasó por Ulea, cruzó el río a nado, hasta Villanueva, después a Ojós, y finalmente a Ricote cruzando los viñedos del Cajitan.

Desde entonces, en el lugar donde se encuentra el hornico de Fuster, las gentes de Ulea recuerdan al visitante de turno,” La leyenda de las gallinas del diablo”.


El Gurugu (Ulea, Murcia)

 Según la tradición oral transmitida de generación en generación, el Gurugú de Ulea es un espíritu ancestral que habita en este monte sagrado. Se dice que este ser misterioso tiene el poder de proteger las tierras y a las personas de la zona. Sin embargo, su naturaleza es impredecible, y se le atribuyen tanto bendiciones como castigos a aquellos que no respetan la naturaleza o causan daño a la comunidad.

La leyenda cuenta que en noches especiales, como durante la festividad de San Blas, los habitantes de Ulea se reunían en las faldas del Gurugú para rendirle homenaje. Encendían hogueras y llevaban ofrendas de alimentos y bebidas como muestra de respeto y veneración hacia este espíritu protector. Estos rituales eran una forma de buscar su favor y protección, y de agradecer las bendiciones recibidas.

jueves, 22 de agosto de 2024

El cañico (Totana, Murcia)

 Todos saben dónde está el Cañico y pasan habitualmente cerca de él sin pararse a contemplar la singularidad del paraje. Es ciertamente bonito y singular, pues su geografía es bella, rodeada de huertos, con una rambla enfrente y otra a su espalda, amén de la que llega hasta el manadero, que procede de la venida del preciado líquido vivificador de huertos.

Otrora Totana se surtía del agua de los manantiales cercanos y de la que se trajo de la sierra tras la gran obra de Silvestre Martínez Teruel de la conducción del agua de La Carrasca hasta la plaza del pueblo para desaguar en la magnífica y airosa fuente barroca. Esa fuente hermosa y discreta como una bella joven que no quiere protagonismo, razón por la cual no se puso en el centro de la plaza, sino lateralmente para que su hermosura no sea tan evidente y haya que buscarla.

Es probable que sea el Cañico la que las crónicas del siglo XV llaman la Fuente de Totana, pues no se conoce otra con esa denominación, en la que ocurrió un singular hecho en el que se mezclan la caballerosidad de la época y la traición en un momento histórico en que en el Reino de Murcia luchaban entre sí los primos Fajardo, el de Murcia y el llamado Bravo de Lorca.

La historia parece sacada de un libro de caballerías medieval, pero las crónicas del Reino de Valencia la cuentan con nombres y apellidos, con los datos históricos, fechas y nombres,  necesarios como para comprobar su veracidad del relato.

Narran las viejas crónicas que un caballero se sintió ofendido por otro noble cercano a la Corona de Castilla llamado don Bernat de Vilarig y Gómez de Figueroa, razón por la cual lo retó a duelo singular y cuando el primero le pidió condiciones éste impuso que el duelo se celebrara en Granada y nombró como juez al rey musulmán de Granada, que por entonces mantenía una paz aparente con Castilla.

El caballero Vilarig recibió garantías de paso del rey de Valencia y supuso que como vasallo del rey de Castilla su tránsito por el reino de Murcia perteneciente a dicha corona, razón por la cual emprendió viaje a Granada para llegar en la fecha prevista para el duelo, pues de no comparecer sería denigrado como caballero.

Pero el Fajardo de Murcia y su primo lorquino estaban en guerra y esto lo aprovechó el retador para urdir una traición y que en su paso por la zona en poder de Fajardo el Bravo fuera asaltado y le dieran muerte. Cuando don Bernat de Vilarig y sus escasos hombres descansaba en la Fuente de Totana, en las inmediaciones de Aledo, fueron rodeados y atacados por un grupo de hombres armados que intentaron darles muerte. Algunos cayeron, pero tanto la hueste de Vilarig como los musulmanes que mandó en garantía de paso el rey de Granada evitaron que mataran al jefe aunque quedó muy malherido.

Ante la gravedad de las heridas, don Bernat fue llevado a Aledo, pero en el pueblo fortificado no había quien pudiera sanarlo, por lo que se repuso unos días y fue llevado a Alicante donde los físicos curaron sus heridas y pudieron embarcarlo para llegar a Valencia donde sería totalmente repuesto de sus heridas por mejores médicos.

Mientras el caballero se reponía de sus heridas llegó la fecha del duelo y naturalmente no se presentó, algo que el traidor retador ya sabía, por lo que se hizo testimonio y el rey granadino lo dio por perdedor, poniendo un escudo con sus armas clavado en el suelo aunque invertido, que era la afrenta mayor que podía sufrir un caballero.

Afortunadamente Bernat de Vilarig pudo demostrar la traición que cometieron con él y recuperó su honor, sin que el traidor sufriera pena alguna en aquellos revueltos tiempos.

La princesa rusa (San Pedro del Pinatar, Murcia)

 Entre las historias más conocidas hemos de destacar la leyenda de la princesa rusa, donde encontramos dos personajes relacionados con la historia de la ciudad. Por un lado, el Barón de Benifayó, D. Julio Falcó d’Adda, nacido en Milán, quien tuvo sus discrepancias con Amadeo de Saboya y fue relegado a la zona de la laguna en las Islas Volcánicas (a las que daría nombre: La Mayor, La Perdiguera, La Redonda, La de Ciervo y la del Sujeto). Allí el barón construyó un palacio donde -se dice- solía realizar fiestas multitudinarias. De otro lado, una chica rusa, Natacha Seslavin, cuya familia pasaba por inclemencias económicas y que tuvo que aceptar el matrimonio de conveniencia y nunca encontró el amor. Se dice que el barón, cansado de estar con ella, ordenó acabar con su vida y fue enterrada en las mismas orillas en donde solía pasear desnuda a la luz de la luna. Desde entonces son numerosos los testimonios de pescadores que aseguran haber visto a una mujer blanca, una especie de ser de luz pasear en la misma zona en donde se supone que se encuentra enterrada el cuerpo de esta princesa rusa.


domingo, 7 de abril de 2024

El avión sumergido (San Javier, Murcia)

 Por la zona sur del Mar Menor, junto a la Isla Rondella, la parte más profunda de toda la salada laguna, hay un avión sumergido, todo cubierto de algas y rocáceo caracolillo blanco. Tiene su piloto a los mandos, propia calavera tocada de casquete de cuero y gafas alzadas. Los peces de profundidad y las medusas blancas, amigas de las acuosas honduras, pululan silenciosas en torno al aeroplano. Y todo él parece a la espera, eterna, de la orden de despegar para surgir de nuevo a los aires, buscando un destino de tierra que ya nunca tendrá. Sucedió en plena Belle Epoque, dulce periodo prebélico en una Europa feliz e inconsciente. Desde un aeródromo francés del norte de África, despegó uno de aquellos aviones de carlinga inclinada, biplano y gran motor delantero de grueso morro. Anochecía, y era su misión hacer un vuelo nocturno con innovadoras estrategias aeronáuticas. La orientación nocturna experimentaba nuevas técnicas, en realidad pioneras. El avión debería sobrevolar toda la costa argelina de oriente a occidente… pero cierto destino logró desviarlo. Fueron burlados así los planes pensados para erigir un nuevo hito en la Historia de la Aviación. El avión, de la casa Breguet, acabó en la costa española. Nada vio el piloto, salvo el intermitente aviso lumínico de Cabo de Palos. Al poco, el choque con las tranquilas aguas oscuras del Mar Menor, varias horas ya inmerso en las nocturnas sombras. Luego, el posarse sobre el lodoso fondo aledaño a la Rondella. Los barcos que por allí pasan cuando la primera luna llena estival está cercana, si paran el motor, o yendo a vela, silencian voces… pueden escuchar el ruido de la hélice, que aunque siempre quieta, sabe emitir cierto dulce ronroneo del avión presto a despegar. Dice la leyenda que algún día, cuando otra vez la luna llena de Julio tenga la misma fuerza que hizo desorientarse al avión en su vuelo africano, logrará arrancar el avión y alzarse de las aguas, saliendo con el arrastre de luengas algas de sus alas, que, como galas de novia, lo acompañarán en su postrer vuelo. Me contó un poeta ribereño, de esos que saben las causas primigenias de las historias más verdaderas -que son las leyendas- que el avión fue hechizado por la luna, y que perdió su rumbo, raptado por el amor súbito de Selene. Y que cuando, nueva vez, la luna de Julio vuelva a brillar tanto como aquella vez de inicios de Novecientos, la mecánica del avión volverá a sentir la fuerza inmensa del temblor que mueve desde siempre al mundo, y rodando brevemente sobre el fondo, despegará imparable hasta llegar a la misma luna, donde se posará majestuosamente sobre aquel polvo de plata que un día lo hechizó. Estad atentos, pues, a las lunas de Julio desde ahora…