jueves, 10 de diciembre de 2020

La doncella del Castillo (Cartagena, Murcia)

 La historia debe situarse en la Baja Edad Media, en un periodo en el que la ciudad ya había sido reconquistada por las tropas castellanas, y en la que un miembro de la nobleza se encargaría su control y gestión  desde su fortaleza principal: El Castillo de la Concepción. Este noble, guiado por su arrogancia y bajo los ideales del amor cortes, intentaría cortejar a una de las doncellas cartageneras, que lo rechazaría a pesar de su insistencia. La joven estaba enamorada de un muchacho que aunque no tenía la posición social ni económica del noble, había sabido llenar su corazón de forma imperecedera. El honor y la envidia llevaron al noble a tender una trampa al pobre muchacho, y tras asesinarlo obligaría a la doncella a contraer matrimonio con él. De nuevo, la joven respondería con su rechazo absoluto y su maldición, pero el noble no estaba dispuesto a aceptar otra vez el “no”. Encerró a la doncella en una de las estancias del castillo, y según el imaginario cartagenero, la emparedó allí mismo. La maldición de la doncella se cumpliría y a los pocos días el noble fallecía de forma inexplicable. La historia, que ya de por sí tiene su miga, no termina aquí, pues se dice que el espíritu de la desafortunada doncella continúa vagando por los alrededores del castillo.

Como hemos comentado anteriormente, esta es sólo una versión de la leyenda. Pero ¿cómo se ha popularizado el misterio de este fantasma hasta el punto de ser conocido por un amplio sector de la sociedad cartagenera? Con avistamientos, cómo el más divulgado de los guardias de seguridad del propio Parque Torres que afirmaron haber visto a la doncella por los caminos arbolados. Habrá lectores a los que les ponga los pelos de punta la historia, y habrá a los que les suene a cuento chino. Pero lo cierto es que se trata de una de las leyendas de mayor difusión en Cartagena, y ha sido utilizada para multitud de teatralizaciones y demás actos. Os invitamos a visitar el castillo de noche y lanzaros en la búsqueda del supuesto fantasma, pero tened cuidado y no seáis tan entrometidos como nuestros protagonistas.

domingo, 6 de diciembre de 2020

La Encantada (Caravaca de la Cruz, Murcia)

  Una leyenda de la aldea caravaqueña de Caneja que habla sobre una zagalica que fue maldita por un joven que la amaba al suicidarse por su desamor. Encantada por trescientos años, solo una pareja de enamorados llamados Juan y Juana pueden verla, y su maldición solo podría ser rota en la madrugada de San Juan. Para ello, en esta fecha tan señalada deberá manar de un manantial la sangre de aquel amante tomando el aspecto de un hilo rojo sobre el agua, hilo que deberá ser enrollado por una mujer sin ser cortado. Una joven llamada María comenzó a devanar el hilo pero lo acabó cortando, haciendo que la encantada quedase hechizada, al menos, tres siglos más.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Santuario Virgen de la Esperanza (Calasparra, Murcia)

 Cuenta la leyenda que fue un pastor que buscaba refugio quien halló la pequeña imagen en el interior de la cueva. Cuando la autoridades eclesiásticas de Calasparra quisieron trasladar la talla a alguna iglesia de la ciudad, la imagen adquirió un peso desproporcionado en relación a su pequeño tamaño. Así se interpretó que la Virgen deseaba ser venerada en su gruta. A esta imagen, un pequeño busto de María tallado en madera, conocido como "La Pequeñica", se le adosó una escultura de mayor tamaño, propia del Barroco murciano. Según documentos encontrados, ambas se veneran juntas, la pequeña a los pies de la grande, desde 1786.


El porqué y cuándo se colocó junto a la Virgen de la Esperanza (La Grande), la “Pequeñica” (La Aparecida), no se sabe con exactitud, pero sí se conoce que en el año 1786 ya se veneraban juntas, y que en 1840, fue nombrada la primera patrona de Calasparra.
Personajes
A principios del siglo XVII Dña. Juana Sánchez, viuda adinerada de Mula, donó la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, la Virgen grande, concretamente en el año 1617. Esta imagen es la que actualmente se venera en la ermita y que, junto con la de "La Pequeñica", atrae al Santuario a multitud de personas. 

domingo, 22 de noviembre de 2020

La Bajada de la Mora (Bullas, Murcia)

 La leyenda cuenta como en una noche tormentosa la princesa bajó desde el monte Castellar para ver a su amado y el príncipe no apareció. Imaginándose lo peor se sumergió en el agua y desapareció. Desde entonces se dice que su alma baja en la noche de San Juan buscando a su amado.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

La Cruz del Ope (Archena, Murcia)

 El Ope, situado al norte del término municipal, es el mas alto (276 metros) y el mas representativo y emblemático de los cerros que rodean a Archena. Su airoso pico, coronado por la Cruz es perfectamente identificable desde cualquier punto del término

Las piedras calizas blancas de que está formado no facilitan precisamente la vegetación, aunque los mayores recuerdan perfectamente tiempos más húmedos en los que sus faldas albergaban un escaso arbolado de eucaliptos y pinos. Entonces la caza de conejos era muy abundante y se veían también numerosas zorras.
La palabra OPE no aparece actualmente ni en enciclopedias ni en diccionarios tan prestigiosos como el de Mª Moliner, pero al parecer designa una piedra semipreciosa. La voz Ope aparece transcrita en dos papiros egipcios conservados en el Museo Británico; uno de ellos es un libro de horas en el que junto a la invocación constante de los nombres del dios Osiris se mencionan estrellas, montañas y otros elementos topográficos, ganado y todo aquello que podía ejercer una influencia favorable sobre Egipto y sus habitantes.
En la mitología griega la diosa preolímpica Rea, hija de Urano y de Gea, es decir del cielo y la tierra y por tanto una de las Titánides, tiene como segundo y poco conocido nombre el de Ope. Convertida en la esposa de Crono, supo que este devoraba a sus hijos y consiguió salvar al más pequeño, Zeus, entregando a Crono una piedra envuelta en pañales en lugar del niño. Es pues la abuela de los mas conocidos dioses del Olimpo. En Grecia el culto a Rea implicaba un tributo a las madres. Es frecuente la asimilación de Rea con la diosa frigia Cibeles por lo que tanto REA/OPE (Ops, en algunos casos)/CIBELES serían la misma divinidad, la diosa de la abundancia que conduce un carro tirado por dos leones y comparte con su hija Démeter/Ceres el cuerno de la abundancia
Pascual Madoz en su célebre diccionario publicado a mediados del siglo XIX, habla de: «la montaña o cabezo que se denomina el Ope, voz degenerada sin duda y que aludiera acaso a riqueza». En ocasiones aparece escrito como Lope o L/Ope, pero esta forma es sin duda un apócope utilizado con mucha menos frecuencia.
La Cruz del Ope existe, al menos, desde finales del siglo XVII, ya que desde esa fecha tenemos documentada su presencia gracias a los primeros documentos que se conservan en el Archivo Municipal: unos libros de contabilidad que se llamaban del gasto menudo. En estos libros se reflejaba el gasto que, según nos indica en su «Historia de Archena» Manuel Medina Tornero, se realizaba para festejar la Pascua Florida de Resurrección y colocar una cruz de madera envuelta en un lienzo. En el libro de 1725, por ejemplo, hay un asiento del mayordomo de propios: «mas ocho reales que pagué a el Sr. Cura de esta villa por la misa y prozesión de la Cruz del Lope». Este gasto se repite con carácter anual.
La Orden de San Juan se repartía con el Concejo el producto de la subasta anual de las yerbas del término municipal. El del Ope y los otros cuatro cerros que rodean Archena eran propiedad de la Orden y de los bienes de propios del pueblo a partes iguales. Con las desamortizaciones del siglo XIX estos cerros pasaron a ser propiedad privada.
Las cruces a la entrada de las ciudades fueron construidas con el fin de proteger a la población de los males exteriores: epidemia, enfermedades o incluso de la presencia demoníaca. Son un símbolo cristiano protector de tremenda austeridad. Sin aspecto decorativo alguno, responden a un viejo canon de arte popular.
La leyenda del Ope puede ayudar a explicar la necesidad de protección.
Cuentan que una lluviosa tarde de invierno un pastor fue al monte Ope a recoger caracoles y se encontró un corderillo pequeño. Se lo echó a los hombros, pero su peso iba aumentando paulatinamente y, en consecuencia fatigándolo cada vez más. El cordero se había transformado en borrego y de pronto emitió una voz grave, cono de ultratumba que le dijo al pastor:»cuanto mas lejos me lleves mas te pesaré»
El pastor soltó horrorizado al enorme borrego de pelo negro que resultó ser la figura del demonio en forma de fauno. Galopó ladera arriba, dejando tras de sí una estela maloliente y azufrosa a la vez que emitía unas espeluznantes carcajadas.
Según otra versión de la leyenda
El monstruoso ser extendió unas cartilaginosas alas y lanzando una terrible risotada, echó a volar.
Siguiendo la leyenda, tras este suceso el cerro fue purificado con exorcismos y coronado con una cruz en su punto mas alto, para librarse de la presencia demoníaca.
El primer cementerio con el que contó Archena, construido de forma provisional, tras la epidemia de fiebre amarilla de 1811, se situó en la falda del Ope .
La cruz del Ope continúa permaneciendo en lo alto del cerro, aunque ahora ya no es de madera, sino de hierro. La reposición de la Cruz y su cambio de material tuvo lugar después de la guerra, entre 1940 y 1941 y fue iniciativa de don Pedro Martínez López, conocido como Rojico Foña que había hecho la promesa de reponer la Cruz si conseguía volver a su pueblo después de haber sido encarcelado durante la guerra; La Cruz actual lleva grabadas en los dos extremos de la viga las iniciales del nombre de su patrocinador. En el taller de su garaje, situado en la carretera de Villanueva, construyó la cruz a partir de una larga viga de hierro, con la ayuda de Manuel el Polero y Joaquín (hijo de Jesús Prosa). En la colocación participaron los José Pones, constructores, que ayudaron en los anclajes. Estando también presentes María Luna y Antonio, marido de Antonia, la tuerta. Desde entonces y gracias a la perdurabilidad del hierro, no hace falta la reposición de la cruz.

jueves, 29 de octubre de 2020

Sanatorio de Tubercolosos (Alhama de Murcia, Murcia)

 Este año se cumplen dos décadas desde que se retiró definitivamente la vigilancia del Antiguo Sanatorio de Tuberculosos de Sierra Espuña, un edificio en ruinas, propiedad de la Comunidad, que no tiene visos de 'resucitar'.

Entre los años 1917 y 1962, este inmueble de El Berro (población de Alhama de Murcia) hacía las veces de hospital para personas enfermas de tuberculosis y de lepra. Cerró cuando dejó de ser rentable. Y ahí empezó su periplo. Qué hacer con el edificio.

En los años 80 se planteó darle un nuevo uso. Faltó dinero y solamente se arregló una parte, en la cual se hizo un albergue. Como las ruinas de lo que era el impopular hospital seguían allí, no es que acudiesen muchos usuarios. Cerró. Aunque la vigilancia se mantuvo, hasta 1997.

Allá por 2008 se volvía a poner sobre la mesa una propuesta para recuperar el inmueble. En aquel momento se estudió la posibilidad de construir allí un gran complejo hotelero con 200 habitaciones, aunque se descartó por ser dentro del parque natural. Luego se habló de, directamente, demolerlo. También se descartó. Al final, se acordó vallar el perímetro para evitar que la gente entrase: el edificio está en mal estado, puede derrumbarse y ser peligroso.

Ahora, en 2017, para el Ejecutivo autonómico no es una prioridad pensar qué hace con este sitio. «Para el parque (de Sierra Espuña) no tiene interés», señalan fuentes de la junta que lleva este entorno natural. Aunque admiten que es «un edificio histórico», recuerdan que se halla «en estado de ruina», vallado y con carteles que indican esta prohibición.

Por su parte, desde el Ayuntamiento de Alhama de Murcia apuntaron que el inmueble «está en muy mal estado, acordonado para no poder entrar». Recordaron que la antigua clínica tuvo en tiempos «mucha vinculación con el pueblo», puesto que «daba trabajo a muchas familias» de allí.

El alcalde de Alhama, Diego Conesa, también puso el acento en «los pocos recursos que se asignan al Parque de Sierra Espuña», ya que «las aportaciones son mínimas», no hay dinero y «no se contempla una actuación» en un sanatorio que no se libra de ser escenario de leyendas.

Torre del Obispo (Alguazas, Murcia)

 Es tradicional en muchas localidades suponer que han existido comunicaciones subte-rráneas con fortalezas o castillos. Molina a este respecto no podía ser menos.

De siempre ha sido habladuría y comentario que el viejo castillo molinense, del que solo quedan retazos sueltos de sus murallas, tuvo allá por el tiempo medieval, un túnel que le unía con la llamada Casa de los Moros de Alguazas.

Su comunicación justificaba la huida de los huertanos hacia un lugar más seguro y el escape de los cercados en la fortaleza. Circunstancia, una y otra, que nunca se dio. Justificaba su presencia algo que era cierto, la presencia de bandas armadas de ladro-nes de almacenes de granos o ganados, muchos de ellos pretextando rencores de gue-rras aunque éstas fuesen encuentros a garrotazos.

La imaginación nos invita a soñar con comunicaciones rápidas y seguras. La realidad nos habla de la inestabilidad de los pueblos y lugares a la orilla del río Segura durante muchos años, cuando tenían necesidad de hermanarse para la defensa común de sus intereses (prisioneros, ganados y cosechas). La imaginación y la leyenda buscan un punto de unión entre miedo y fortaleza. Para ello hacía falta una torre resistente capaz de guardar ganado, cosechas y hasta pastores y labradores. Más la Torre de Alguazas, para el diario quehacer, y como plaza fuerte para eludir a peligrosos asaltantes, era sufi-ciente. Los años de reconquista ya habían pasado.

La leyenda habla de la insuficiencia de la Torre y la necesidad de contactar con alguna fortaleza. En la proximidad estaba Molina. Solo faltaba la unión segura entre ambos, o sea, un túnel.

Pero hay que considerar la imposibilidad de construir un túnel tan largo. Demasiados metros de separación. Necesidad de una ventilación acorde, cosa imposible a todas lu-ces por el cruce subterráneo del rio y sus niveles freáticos.

Justificarlos con la presencia del pozo profundo existente en la fortaleza molinenses, no encaja. La misión de este era simplemente servir agua al alcázar desde el nivel freático.

Ello no deja que aún hoy muchos sean los que sueño con ese pasadizo, añorando un tiempo pasado lleno de zozobras, temores y valentías. Leyendas y novelas al fin.

La realidad viene a decirnos otra cosa. La “Casa de los Moros” alguaceña no pudo ser construida en tiempos en que los musulmanes ocuparon estas tierras ya que fue empe-ño del obispo Pedro de Peñaranda para almacenar el grano de los diezmos (la décima parte de la cosecha) que recibía de sus feligreses. Y concluyéndola Alonso de Vagas. Eran los años de 1350 y tantos cuando los islamitas ya hacia un siglo que habían firma-do sus acuerdos de claudicación con los castellanos.

Con el obispo Comontes, 1442, había en la Torre bombardas, ballestas, lanzas y escu-dos para proteger la recaudación y, a veces, cumplir como cárcel eclesiástica.

También, y más importante, servía de atalaya de alarma tañendo una campana de cobre que se oía en toda la huerta, avisando del peligro de inundaciones.

Esto no quita, o acaso fortalece, que los alarifes de la construcción de la casa-torre huertana, fueran mudéjares, residentes en la localidad y sabedores del buen arte de la construcción, como significan las dos plantas inferiores.