jueves, 31 de mayo de 2018

Blancaflor (Zamora)


En Lubián, un pueblo de la comarca de Sanabria; el &úacute;ltimo habitante del pueblo, pobre y muerto de hambre accedió al trabajo de alguien que resultó ser el demonio. Que le mandó tres trabajos, sino nos realizaba, a cambio, se llevaría su alma.
Primer trabajo, amaestrar un caballo salvaje, que fue ayudado por la hija del demonio, Blancaflor, que dijo que cansara al caballo, que en realidad era su padre, disfrazado de demonio.
Segundo trabajo, recoger hojas quemadas en un carro, fue también ayudado por la hija, que le suministró un líquido, que unió las hojas.
Tercer trabajo, conseguir una sortija del fondo del mar, fue, otra vez ayudado, por la hija del demonio, que le pidió que la troceara y la tirara dentro de un caldero al agua, volvió a conseguir salir bien del trabajo. La hija, que se quiso fugar con el hombre para evitar que su padre les matara a los dos porque se enteró que le había ayudado en los trabajos. La hija había preparado una treta poniendo dos pellejos de vino en la cama simulando a los dos, y luego escaparían con un caballo flaco (que era el pensamiento); él hizo lo contrario y trajo el caballo gordo, entonces su padre los descubrió y fue tras ellos. La hija tiró una horquilla y formó una barrera. El padre retrocedió en el intento de perseguirlos pero su mujer le aclaró que si hubiera cerrado los ojos hubiera pasado, volvió otra vez el padre a perseguirlos y encontró a un vendedor con naranjas, desistió otra vez en el intento y volvió a casa. La mujer le descubre otra vez el engaño y le dice que eran ellos disfrazados, vuelve otra vez al intento y encuentra una ermita y un ermitaño, desiste otra vez volviendo a casa y la mujer le descubre otra vez diciéndole que eran ellos dos disfrazados, finalmente abandona el perseguirle.

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La hija del quincallero y los ladrones (Zamora)


Cuenta la historia de un quincallero que tenía tres hijas y la pequeña que era la más lista le salvó de un peligro. Ya que aprovechando la ausencia de su padre, un hombre vestido de anciana, se presentó en su casa, ofreciéndoles una manzana que producía somnolencia, con la intención de robarles. La hija pequeña, que no se dejó engañar, le cortó la mano para escarmentar al ladrón
Tiempo después, el ladrón queriéndose vengar, apareció irreconocible, pidiendo la mano de la hija pequeña.
Después de la boda, fue llevada a una emboscada de ladrones y aprovechando la ausencia, quedándose con su suegra, consiguió evadirse, con un arca de dinero y un arma.
Tiempo después, apareció otra vez en el hogar del nuevo marido de la hija pequeña del quincallero, el ladrón disfrazado de buhonero, pero se le reconoció; otra vez disfrazado de perro, fue dejado entrar, pero la hija pequeña del quincallero se volvió a dar cuenta del engaño y lo mató.


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Iglesia de Santa María Magdalena (Zamora)


Hay una leyenda popular acerca de la Iglesia de María Magdalena tiene la leyenda popular de que si no ves al obispo labrado en su puerta meridional no te casas.


Leyendas y curiosidades de Zamora

La confesión del lobo (Zamora)


Cuenta esta peculiar leyenda que un lobo decidió un día no comer ningún animal y confesó su hambre a un cura. Tras esto vio a una burra, a una yegua, a un carnero, y a un potrillo que le engañaron de diversas formas para que el lobo no se las comiera. Cuando se topó con una lechona con sus crías, le dijo que le quitara una argolla del hocico, tras esto recibió un mordisco, un porrazo y el lobo cayó por la ladera.
Tras esta odisea fue encontrado por un hombre que lo acabó matando por un hachazo en la cabeza. Una triste historia que deja muy claro lo que es ir contra naturaleza y contra los instintos naturales.


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Zamora la bien cercada (Zamora)


A principios del siglo XI Fernando I comienza la Reconquista de la Península Ibérica, pasando a la historia por sus campañas de las que las crónicas aseguran que nunca fue derrotado. Entre las tierras reconquistadas se encontraba la ciudad de Zamora, la cual reconstruye y repuebla.
A su muerte reparte su reino entre sus cuatro hijos, dejando a su hija Urraca el feudo de Zamora, refiriéndose a la ciudad en su testamento como “la bien cercada”.
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miércoles, 30 de mayo de 2018

El lago de Sanabria (Zamora)


Hace muchos años, en el lugar que hoy ocupa el lago de Sanabria existía un pueblo llamado Valverde de Lucerna, rodeado de tierras fértiles y productivas, la gente del lugar era egoísta, y de actitud poco solidaria y caritativa.

La noche previa a la fiesta de San Juan, una noche lluviosa con truenos y relámpagos, una sombra se mueve lentamente en dirección al pueblo, el relámpago ilumina su vieja capa de lino, se apoya en un bastón del que cuelgan dos conchas, es alto, de barba larga y abundante cabello. Calado hasta los huesos llama a la puerta de una casa.

- ¿Quien llama a estas horas?. Le contestan desde el interior.

- Un peregrino que busca refugio y alimento para pasar la noche. Contesta.

- ¿Eres un peregrino?... Pues continua tu camino.

El hombre sigue caminando y tropieza por tres veces cayendo y volviéndose a levantar, insiste en otra de las casas, negándose el inquilino a abrir su puerta y darle cobijo.

En la última casa lo intenta de nuevo.

- ¡Por favor dejadme entrar!.

- Déjanos en paz y vete por donde has venido.

Cansado, hambriento y aterido de frío decide abandonar el pueblo, a la salida del mismo, en un altozano, ve un horno de leña, donde se encontraban unas mujeres cociendo pan, les pregunta si puede entrar, a lo que ellas acceden. Una vez que se hubo secado al calor del horno, las mujeres hacen un pequeño panecillo para dárselo, lo introducen en el horno y cuando intentan sacarlo comprueban que ha crecido tanto que no pueden sacarlo por la boca del horno. Van probando con trozos cada vez mas pequeños hasta que finalmente uno sale y se lo dan al misterioso peregrino. Este dirigiéndose a las mujeres les dijo:

- Gracias por socorrerme realmente sólo vosotras sois dignas de ser salvadas en este pueblo, seguir en el horno y no salgáis esta noche. Voy a castigar a este pueblo, que no se acuerda, cuando están con el estomago lleno y calentándose a la lumbre, de los que pasan hambre y frío.

El hombre se despide de las mujeres recordándoles que se queden en el horno, una vez que ha llegado a las afueras del pueblo pronuncia esta frase:

- "Aquí clavo mi bastón, aquí brote un gargallón".

En el lugar donde clava el bastón empieza a brotar un gran caudal de agua, a las pocas horas el pueblo de Valverde de Lucerna queda totalmente inundado.

Al día siguiente, el sol ilumina el valle y un gran lago cubre lo que antes era el pueblo, solamente una pequeña isla en el lugar donde estaba el horno de leña sobresale del agua.

Días más tarde un vecino con la ayuda de una pareja de bueyes "Redondo" y "Bragado" intenta sacar del fondo del lago las dos campanas de la iglesia, consigue sacar una pero la otra permanece en el fondo.

El día de San Juan (24 de Junio), las personas que son caritativas y generosas, se dice que oyen el tañido de la campana que reposa en el fondo del lago.

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Zamora no se ganó en una hora.... (Zamora)


Seguro que alguna vez has oído el dicho Zamora no se ganó en una hora. Este dicho tiene su origen en 1072, cuando los zamoranos defendieron heroicamente la ciudad. El sitio de Zamora tuvo una duración cercana a los siete meses siendo asesinado el rey Sancho por Vellido Dolfos, que después de convencer al rey de que iba a desertar del bando de Doña Urraca y que le mostraría una puerta de acceso a la ciudad lo asesinó.


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Virgen de la Vega (Benavente, Zamora)


En el 812 se produjo, en las proximidades de Benavente, la batalla de la Polvorosa o del Mato, en la que las tropas cristianas derrotaron a las tropas musulmanas. La Leyenda cuenta, que la victoria fue gracias a la intervención de la Virgen, que apareció sobre el puente con su Hijo en brazos, arrojó piedras sobre los enemigos hasta que éstos se retiraron vencidos.


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Juana La Loca (Benavente, Zamora)


La leyenda habla de la presencia de Juana I de Castilla en el Alcázar de los Condes Duques de Benavente, antes de entrar en su retiro en el convento, forzado, de cuarenta y seis años, en Tordesillas.
Los mas viejos del lugar hablan de los paseos de la Reina Loca por los parajes dependientes del Alcázar, por  las riberas y praderas cercanas a los fosos del Castillo de Benavente. 
Algunos mayores cuentan historias, de una dama ataviada con ropas medievales, paseando por aquellos parajes, en los que fue libre por última vez. 


Juana I de Castilla

El Toro Enmaronado (Benavente, Zamora)


Existió una señora condesa, viuda y con un solo hijo, al que adoraba.
Vivían los dos en el castillo  de Benavente, administrando y cuidando sus tierras muy justamente.
El joven conde, que contaba con 19 años, era muy aficionado a los toros, siendo un excelente garrochista, que según cuentan, era una afición muy practicada en los nobles de aquella época, ya que solo ellos podían desempeñar esta función.
Los plebellos y sirvientes se ocupaban del capote que utilizaban solo para colocar el toro en situación o intervenir en caso de peligro.
Según parece, el joven conde, apuesto y gallardo como ninguno, solicitó permiso a su señora madre para asistir y participar en la lidia de toros que, en honor a un alto personaje de la corte de Castilla, tendría lugar en la dehesa del Pinar, a corta distancia de la villa.
Con maestría y gallardía lanceó y mató a su primer enemigo, ganándose los aplausos y tiernas miradas de las doncellas mientras los caballeros envidiaban su maestría pero cuando le tocó el turno de lancear su último toro, un ejemplar de bella estampa, le resultó huidizo y de malas intenciones.
Todo ocurrió con la rapidez; el toro atacó al caballo primero, derribándolo y con gran violencia, arremetió ferozmente contra el indefenso conde, produciéndole mortales cornadas, sin dar tiempo a que las coloradas capas manejadas por diestros peones pudieran hacer el debido y salvador quite. Todo fue inútil; el inusitado condesito yacía roto y desangrado sobre la arena del ruedo…
La señora condesa pálida, sin proferir ningún grito ni derramar una lágrima, ordenó que, después del entierro se reuniesen en la plaza del castillo todos los caballeros y servidores de su feudo para, desde allí, trasladarse a la dehesa del marqués del Pinar y apresar al toro causante de la muerte de su hijo.
Le amarraron por los cuernos con una larga y pesada maroma y, como castigo, le hicieron recorrer las calles de la villa, apuntillándole.
Más tarde, la señora condesa “decretó” que todos los años en las vísperas del Corpus, se corriese por las calles y plazas de la villa Benavente un “toro enmaromado”, dándole muerte como castigo a perpetuidad de aquel otro que mató a su único y queridísimo hijo.
Se cuenta que, al poco tiempo, la condesa  murió de pena, y que en ciertas noches de luna aún se la oye llorar.

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Cristo de Benavente (Benavente, Zamora)


El Cristo tenía su propia leyenda. Hubo un conde de Benavente  -sin que sepamos de quién se trata- al que se define como "santo y grande", que solía salir de incógnito por la villa casi todas las noches. El motivo no era otro que hacer limosnas y cuanto de bien podía. Una noche, un pobre desde el suelo, le pidió auxilio y el conde le respondió que se levantara y le acompañara, que se lo daría. Pero el mendigo no podía incorporarse, por lo que el conde lo cargó sobre la espalda y lo llevó a su palacio para darle aposento y cama. Le ayudó a desnudar, le vistió con una camisa y le acostó. Pimentel se fue a cenar y ordenó que llevaran al mendigo parte de la cena. Pero el camarero no pudo abrir la puerta de la estancia, lo que comunicó al conde. Cuando este pudo entrar en la habitación comprobó que en lugar del pobre había un Cristo.



martes, 29 de mayo de 2018

Portillo de la Lealtad (Zamora)


El Portillo de la Traición o Portillo de la Lealtad es una de las puertas de acceso del primer muro de la ciudad y fue por donde, según la tradición popular, entró en la ciudad Bellido Dolfos un noble leonés que era perseguido por el Cid, después de haber asesinado al Rey Sancho II de Castilla El Fuerte, durante el episódico del Cerco de Zamora, liberando con ello al pueblo zamorano del sitio al que estuvo sometido durante más de siete meses, debido a  que los castellanos, ya sin rey, levantaron el cerco de la ciudad. Según cuenta el romancero zamorano.
En la actualidad los historiadores no están de acuerdo con esta versión ya que afirman que el rey fue abatido por un soldado anónimo.


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Froilán (Zamora)


Froilán fue uno de los fundadores del Monasterio de Moreruela junto con el obispo de Zamora San Atilano. A Froilán, obispo de León se le representa con un lobo.  Y cuenta la leyenda que tuvo la ayuda de un asno para coger piedras para la construcción de una ermita, pero un día un lobo atacó al animal y lo devoró. El santo riñó al lobo por lo que hizo, y le obligó a sustituir al asno con esta tarea que realizaba el asno hasta que se acabara la construcción de la ermita.
También existe otra versión que cuenta que consiguió amansar al lobo, le puso las alforjas del asno y fue siempre leal a él.
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La Seña Bermeja (Zamora)


Si visitas Zamora uno de sus maravillosos encantos es ver la catedral y conocer toda la belleza del románico.  Y una de las señas de identidad de Zamora es su bandera o también conocida como la “seña bermeja”.
Un emblema de la ciudad único porque se compone de 8 tiras de tela roja y una verde.  Según parece el origen de esta bandera se debe al guerrero lusitano Viriato, que cada vez que ganaba una batalla contra los romanos desgarraba una tira de la capa roja de su capa y la colocaba en su lanza. La tira verde de la bandera la incluyó Fernando el católico como homenaje al apoyo de Zamora en la Batalla de Toro, añadiendo un fajín verde a las tiras rojas.
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El cura y la criada (Ribadelago, Zamora)


En la población de Ribadelago, había un sacerdote con una criada que se encargaba de todas las tareas. Un día un joven robó ciruelas y la criada gritó “un  rapaz”, entonces el cura dijo “lo que salga”, desde ese momento y totalmente avergonzado por el malentendido decidió cortar el ciruelo y tallar santos a San Benjamín.

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El pez y el anillo (Zamora)


Esta leyenda evoca la leyenda del anillo de San Atilano, patrón de la Diócesis de Zamora.  El joven Atilano no se consideraba digno del honor de ser obispo de esa diócesis y decidió peregrinar a Tierra Santa. Cuando salió de Zamora se paró ante el antiguo puente romano y tiró su anillo episcopal al río Duero. Pensando que si algún día lo volvía a encontrar asumiría esa misión, y sería una cuestión de destino divino.
Cuando volvió de su peregrinaje, se sentó a almorzar en una posada cerca de la iglesia del Sepulcro. Pidió un pescado y en el interior encontró el anillo que había arrojado al río. Se puso el anillo y las campanas empezaron a repicar y las vestiduras polvorientas del peregrino se transformaron milagrosamente en vestiduras episcopales.


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Virgen de la Salud (Argujillo, Zamora)


Según la leyenda, estando el pueblo en procesión, una urraca le arrebató el anillo a la imagen dada la afición de estas aves a sustraer cosas brillantes. En esta ocasión la fiesta contó con la presencia del obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, quien presidió la misa en la que también se despidió a los sacerdotes Antonio Pascual y Jeremías Rodríguez con motivo de su jubilación.


Origen del nombre (Arguijillo, Zamora)


El nombre de Argujillo procede de un nombre latino tardío o vulgar que sería Arbuscellum y significaría en diminutivo un sitio con árboles o arboleda, cosa que cuadra muy bien al ocupado por el pueblo y sus alrededores. Como los nombres cambian a través del tiempo, Arbuscellum pasaría luego a Arbuxiello y éste a Arbuxillo, Arbujillo y finalmente a Argujillo.
La leyenda cuenta que el pueblo se había llamado Santa María la Mayor, por estar dedicada su parroquia a la Asunción y llamarse también así su fiesta y que era un pueblo mucho más grande y extendido.


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lunes, 28 de mayo de 2018

Julián (Zamora)


Existe una leyenda acerca de un ciervo que habría augurado, durante una cacería, al noble Julián, que un día llegaría a matar a sus propios padres como castigo por haberle acosado y cobrado como pieza de caza. Ni corto ni perezoso el noble Julián decidió salir escopeteado de sus lares, hacia paradero desconocido, al objeto que no pudieran encontrarlo sus padres, pues de aquella manera sería imposible poder acabar con sus vidas. Pasado el tiempo y tras haber contraído nupcias con Basilisa, por esas cosas raras de la vida, sus padres acertaron a localizarlo, y un día de esos en lo que mejor es no levantarse, muy de mañana, se presentaron en su casa. Pero Julián, que al parecer era muy madrugador, había salido al campo, y Basilisa, siempre dispuesta a hacer el bien, les cedió el lecho conyugal para que pudieran descansar de tan largo viaje. Como quiera que Julián regresara a casa mientras Basilisa se encontraba en misa, creyó ver en su alcoba a su esposa yaciendo con un desconocido; de manera que, ni corto ni perezoso, y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, degolló a aquellos supuestos amantes, que no eran otros que sus propios padres. De manera que así se cumplió el vaticinio que, años antes, había hecho el ciervo; eso sí, debido a "un malentendido".
Para reparar tan gran pecado, Julián, fundó un monasterio para peregrinos, a quienes él mismo ayudaba a acceder, cruzando el rio Esla, sirviéndose de una barca. Además, con sus propias manos, levantó la Iglesia de San Pedro de la Nave, llamada así, precisamente, por aquello de la embarcación. Con el transcurrir de los años Julián y Basilisa fueron convertidos en Santos, dándose descanso a sus cuerpos en la citada iglesia, que viene a "distar de Zamora cuatro leguas al Poniente".
Si no fuera porque Julián y Basilisa vivieron y murieron en Antioquía (Siria), en el siglo III, y que la magnífica iglesia visigótica de San pedro de la Nave se levantó en el siglo VII, alguno habría podido llegar a creerse tal leyenda. Pero las cosas son como son, o como los historiadores dicen que son, o como gente interesada se empeña que sean, o como lo que permite ver el cielo invisible de la verdad. De hecho, hay quien mantiene que aquel matrimonio, compuesto por Julián y Basilisa, realmente no llegó a ser tal, porque no llegó a consumarse, ya que ambos cumplían promesa de pureza y castidad hasta la muerte; y por tal razón y porque en una de las persecuciones de los romanos, protagonizada por Diocleciano, llegaron a degollar a Julián, ambos conyugues, parejas de hecho, o lo que fueran, fueron declarados santos.
Este confusionismo entre lo que se dice, lo que se escribe y lo que se hace, continúa existiendo en el momento que ahora vivimos, pues muy a pesar de que queden registrados todos nuestros movimientos, sean o no trascendentes, la verdad nunca llega a conocerse. Sirva de ejemplo lo que dicen los partidos políticos sobre la corrupción que anida en sus filas, lo que los jueces dictaminan sobre ello, y lo que usted ha llegado a enterarse a través de los medios de información: observará que ninguna de esas fuentes es coincidente. Y es que, a pesar de disponerse de ese reguero de datos que van dejando los ordenadores y teléfonos inteligentes de los que disponemos, siempre hay alguien o algo que se empeña en liar la madeja, mezclando el grano con la paja, para que nada llegue a saberse, de manera que todo continúa dependiendo del interés del observador de turno, de que bizquee del ojo derecho, del izquierdo o, de ambos ojos a la vez.

Leyendas, historias, realidades

Origen del pueblo (Almaraz de Duero, Zamora)


La leyenda dice que había siete poblados en siete lugares cercanos al pueblo y que se decidieron unir en el centro para crear un pueblo más grande y fuerte, así se fundaría Almaraz y quedarían deshabitados los pueblecitos.
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El bolero de Algodre (Algodre, Zamora)


El origen de este Bolero se pierde, como suele decirse, en la noche de los tiempos. Según los folkloristas, tiene su origen en antiquísimas danzas árabes, y su música y sus pasos así lo declaran. Señalan en el siglo X el nacimiento de esta danza en la entonces tierra leonesa, porque fue entonces cuando los árabes llegaron a la comarca, pero fue en el siglo XII cuando adquirió la danza su actual compostura y se hizo más suave de movimientos y de ritmo.

Lleva el nombre de Bolero de Algodre por los siguientes hechos, que nos relata nuestro colaborador Honorato Dominguez Masero:

Durante la postguerra se creó el Grupo de la Sección Femenina, que durante un tiempo se dedicó a recoger por los pueblos tradiciones, usos y costumbres. Estuvieron en Villalube y les hablaron de un Bolero que hacía tiempo se cantaba y se bailaba en el pueblo, pero no supieron descifrárselo. Se dirigieron también a Gallegos del Pan y quien lo sabía y lo había bailado no quiso prestarse a tal cosa. Llegaron a Algodre y fue allí donde supieron explicarles la tradición del bolero. Por ello lo llamaron así y como “Bolero de Algodre” lo difundieron.


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Origen del nombre (Alcubilla de Nogales, Zamora)


Advierte de que el nombre de Alcubilla procede de la pequeña alcoba que el abad del cercano monasterio poseía en este pueblo del margen derecho del Eria.
Aspecto que presentaba en la mañana de ayer el estado de las obras en la iglesia de Alcubilla de Nogales.

La procesión de las capas pardas (Zamora)


Hace muchos años vivía en la antigua ciudad de Zamora un hombre piadoso, honrado y querido de sus vecinos. Tenía por oficio el ser molinero y solía trabajar en una de las «aceñas» o molinos de agua que hay junto al río Duero.

Habitaba este hombre una casa pobre, cerca de la Iglesia de San Claudio de Olivares, en los extramuros de la ciudad. No pasaba domingo ni celebración sin que el buen molinero se acercara a la iglesia para rezar fervorosamente al Santísimo Cristo de Olivares, dándole gracias por los beneficios que le concedía y pidiendo favores para su familia y sus convecinos. La figura del Cristo es una pobre talla de madera, esculpida con poco arte y, en vez de flores, adornan el Calvario algunos cardos secos y una calavera. Tanta era la devoción que el molinero tenía por su Cristo que se empeñó en hacerlo desfilar en la Semana Santa, del mismo modo que se hacía con otras figuras y pasos de las iglesias zamoranas.
Pidió consultas al obispo y viendo éste que la intención era buena y que no había ningún motivo para rechazar su pretensión, autorizó que se sacara el Cristo de Olivares en procesión el miércoles, a la caída de la tarde. Convocó el molinero a sus vecinos y les comunicó la buena noticia, pero fueron pocos los que quisieron acompañar al Cristo a esas horas tardías, cuando el viento hiela los huesos y es más agradable el fuego y el vino.
De modo que, llegado el Miércoles Santo, los devotos alzaron en hombros la figura y salieron del templo. Como era noche cerrada y hacía un frío de mil demonios, los feligreses tomaron sus capas, llamadas "De Aliste o alistanas", porque en esa parte de Zamora las utilizan los pastores para protegerse de las inclemencias del tiempo. Así iban los veinte o treinta cofrades: ataviados con sus pobres capas pardas y llevando en andas al triste Cristo, que crujía sobre sus hombros. Al subir por la Cuesta del Mercado, ya dentro de las murallas, esperaban los zamoranos ver la nueva procesión, de la que se llevaba hablando algunos días en las plazas y los corrillos.
Pero hete aquí que todo fueron burlas al ver tan triste congregación, con aquellas raídas capas pardas del pueblo, con aquel Cristo sin flores y tan pobremente esculpido. Durante todo el recorrido tuvieron que soportar las mofas y las chanzas de los zamoranos, que se reían abiertamente de la mísera comitiva.
Ya volvían los cofrades a su iglesia cuando, al pasar junto a la Catedral, sin que nadie tocara las campanas, éstas comenzaron a dar a muerto y a oficio de difuntos. Grave fue la sorpresa de todos los habitantes de la ciudad, que hincaron sus rodillas ante el Cristo y pidieron humildemente perdón por su malvada conducta.
Desde entonces, la Cofradía del Santísimo Cristo de Olivares fue una de las más respetadas y un piadoso silencio puede observarse a lo largo de todo su recorrido. La congregación de las Capas Pardas dejó de desfilar cuando el buen molinero pasó a mejor vida y la tradición se perdió durante algún tiempo; después, se recuperó ya en el siglo XX, imitando aquel desfile procesional. Sus cofrades van ataviados con las ásperas capas alistanas, muy poco utilizadas en la actualidad, y portan candeleros, hacen sonar lúgubres carracas y un cortejo musical cierra la procesión. Las campanas de la torre del Salvador vuelven a tocar a muerto cada Miércoles Santo.
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viernes, 25 de mayo de 2018

El rey Wamba (Wamba, Valladolid)


Una versión dice que fallecido el rey Recesvinto, había que buscar un sucesor y la leyenda decía que se le encontraría comiendo sobre una mesa de hierro.  Una comitiva de nobles y soldados salió en su busca y tras mucho recorrer encontraron a un campesino llamado Wamba comiendo sobre su arado en un remoto pueblo de la Serranía de Ronda (hoy Pujerra, Málaga).  A pesar de la insistencia de la comitiva, Wamba se resistió a ocupar tal puesto, alegando su avanzada edad y su poca cultura.
Finalmente, dejó la cuestión a la voluntad divina, diciendo: 
"Cuando este aguijado que tengo en la mano florezca seré yo Rey de España"
Acto seguido, clavó la vara en la tierra que inmediatamente  reverdeció cubriéndose de verdes hojas y blancas flores.  Aquello fue interpretado como que Dios había elegido a aquel humilde hombre para reinar en España.  Por supuesto, ya no se pudo negar.
Otra versión dice que era uno de los hijos de Recesvinto, que fue abandonado en estas tierras para que aprendiera a ganarse la vida con el trabajo de sus manos. Y que tras la muerte de su padre vinieron a buscarlo para coronarlo, aunque él había olvidado sus orígenes.

Origen del pueblo (Villasexmir, Valladolid)


Cuentan que esta localidad situada a unos 33 kilómetros de Valladolid, allá por el siglo XIV se llamaba Villa-Sesmill, palabra compuesta por "Villa" y el nombre hispano-germánico "sesmirus". La terminación "mill" procede de "mirus", famoso, célebre. Sin embargo otras teorías se inclinan más por que este curioso nombre para un pueblo castellano, puede provenir de "La villa de los seis emires".
Iglesia de la Asunción en Villasexmir

Los tres castigos (Villardefrades, Valladolid)


Entre las leyendas que podrá pedir que le cuenten está la del Los castigos; se dice que el pueblo de Villardefrades sufrió 3 feos castigos por ser auténtico. El primero en tiempos del rey Fernando III El Santo, quien en el año 1230 pasó por el pueblo junto a su madre pero el pueblo no los recibió con el fervor que el rey esperaba, por lo que acusándolos de desacato mandó a cubrir las tierras con sal arruinando las cosechas por algún tiempo.
El segundo castigo fue causado por orden del Cardenal Cisneros, tercer inquisidor General de Castilla, quien ordenó tal fatalidad porque el pueblo se adhirió a una rebelión contra el rey que tenía por protagonista al Conde de Urueña pero, afortunadamente el castigo no fue cumplido en su totalidad y algunas casas del pueblo pudieron salvarse.
El tercer castigo llega en tiempos más cercanos, en el año 1951 cuando las esperadas lluvias de verano, ese año se volvieron torrenciales aguaceros que sin piedad llenaron al pueblo de agua. Afortunadamente no se lamentaron pérdidas humanas pero los daños a las propiedades fueron muy grandes.
El pueblo ser recuperó muy rápido de estos problemas y siendo cada día más bello y fuerte lo espera para un excelente fin de semana en la Tierra de Campos.



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Origen del pueblo (Villanueva de San Mancio, Valladolid)


Cuentan las leyendas que un hombre llamado Mancio, uno de los 72 discípulos de Jesucristo, murió mártir en las cercanías de Évora, y que tras la invasión árabe su cuerpo fue peregrinando de un sitio a otro hasta llegar a Asturias. Permaneció allí hasta que en el año 1070 a un hombre llamado Gutierre Téllez de Meneses se le apareció San Mancio y le dijo: "Vete a Asturias y trae mi cuerpo a Castilla". Y así lo hizo, pero al llegar donde ahora está la iglesia del pueblo no le ejaron pasar con los restos del santo, así que edificó allí, junto con los monjes benedictinos de Sahagún un monasterio donde descansara para siempre. A su alrededor, se fue asentando un grupo de gentes que finalmente formó una "villa nueva".


Santa Maria

Virgen de las Fuentes (Villalba de los Alcores, Valladolid)


La Virgen se apareció en lo que llamamos Fuentes... entonces los de este pueblo y los de Valdenebro se la disputaban, fueron allí los dos con parejas de bueyes, la de los de Valdenebro era mejor que la de Villalba, pero la pareja de Valdenebro a pesar de ser más fuerte y poder más, no pudo con la Virgen, y la de Villalba si, así que la trajeron para esta iglesia, así que digo yo que sería porque quería venir con nosotros y no con ellos.:" Esta leyenda es muy conocida, y está extendida por todos los pueblos donde exista una ermita en la raya de los dos términos municipales, o donde se den dos parroquias dentro del mismo pueblo que tradicionalmente hayan litigado , y a nadie se le escapa que es un intento de arreglar antagonismos de remachar la primacía de una comunidad sobre otra poniendo por medio a la religión. Lo más llamativo en este caso es que esta leyenda ha tomado carta de ciudadanía en este pueblo en un tiempo muy reciente y en un espacio de dos o tres generaciones se ha superpuesto a la misma historia.
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La Picota (Villafrades de Campos, Valladolid)


La “Picota”, ¿hay quién conozca algo de esta Fortaleza? yo no creo que en España haya persona que sepa lo que fue en su nacimiento esta obra de defensa. No hay historia de mi pueblo conocida hasta la fecha por la que pueda saberse cual fuera el origen de ella, en qué año fue construida y objeto de su existencia; yo lo se por un milagro que me produjo extrañeza. ¿Fue sueño, o fue realidad?; no lo sé, mas tengo idea de que este raro suceso ocurrió de esta manera. Un moro de negras barbas venido de luengas tierras, que habla mal el castellano y que se explica por señas, cuando yo estaba durmiendo se acercó a mi cabecera, dio un respiro, roncó fuerte y me habló de esta manera. Hace siglos, muchos siglos que los moros y los persas, los chinos los almogávares, los romanos y los celtas venían a Villafrades en busca de algunas hierbas medicinales, que sólo se daban en vuestra Eras, y tenían la virtud de prolongar la existencia muchos siglos; tantos, tantos, que hacían la vida eterna. Para conseguir su objeto encontraban resistencia en las gentes de este pueblo; y recurriendo a la fuerza traían grandes escuadras de buques de gran potencia, y ejércitos poderosos con armas de aquellas épocas. Llegaban a Rioseco que en aquellos tiempos era puerto de mar: sigilosos levantaban las compuertas del caudaloso Sequillo, que era un mar en esas fechas; seguían aguas arriba llegaban hasta la Vega, desembarcaban sus tropas, y en menos de que se cuenta entre tirios y troyanos comenzaban la contienda. Los hombres de Villafrades no toleraban afrentas porque a nobleza y valor no hay quien les gane y les venza, y con cemento y con hierro, con acero y dura piedra habían ya construido la “Picota” – Fortaleza con muros de acero y bronce de colosal resistencia. Tenían artillería muy potente, del cuarenta, y con alma y gran coraje, con corazón y fiereza con el alma castellana que lucha por causas buenas, a pique echaban sus barcos cual si de tablilla fueran, y a pique echaban su ejército que no volvía a sus tierras. ¿Qué hacer de tantos cadáveres si ninguno de ellos era cristiano?, ¿qué sepultura se iba a dar a tales fuerzas que yacían insepultas apiladas en las Eras?. La Providencia es muy sabia, y con la intervención de ella, aquel río melindroso del que algunos hacen muecas, pero que era en esos tiempos navegable hasta la Vega, se desbordaba iracundo con ímpetu de tragedia, arrollador, tumultuoso, y hacía la gran limpieza llevándose los cadáveres hasta el mar de “onde” vinieran. Gracias, pues, a la “Picota”, a ese muro – Fortaleza, Villafrades se vio libre de invasiones como aquellas; y desde entonces no han vuelto más escuadras forasteras ni ejércitos invasores a turbar vuestra existencia! Esto me dijo aquel moro; la historia no se si es cierta; pero lo que se de fijo es que la “Picota” aún queda en pie, algo envejecida, pero escultural y esbelta, con aire de rascacielos o de Torre Eiffel modesta, dando sombra en el verano, guardando enseres de la Era como trillos, bieldos, garios, palas, horcas y colleras. Unos ratones enanos metidos entre las piedras de aquellos pesados trillos, guardan esa Fortaleza hasta que venga el verano que se abran aquellas puertas y den entrada a la vida del campo en aquellas Eras. … ¿Creéis que es cierta esta historia que me contó el moro – celta?: yo aquí me lavo las manos limpias de culpa y penas; ¿pero es qué muchas historias que andan por el mundo impresas con firmas de relumbrón, y se tienen por auténticas, han de merecer más crédito y se más exactas que ésta? ¿Y cuáles son las más verídicas?; ¿las que se escriben a ciegas escudados solamente en lo que algunos nos cuentan, o estas otras que se viven cuando durmiendo se sueña? Pues en estas circunstancias benditos sueños sean, que los sueños, sueños son como dijo un gran poeta y si esta historia es un sueño el contarlo, ¿qué me cuesta?; ¿dos cuartillas de papel…? pues ya está; contado queda..

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Virgen de Grijos Albos (Villafrades de Campos, Valladolid)


Gran castigo recibió el pueblo de Villafrades cuando ordenó Carlos V lo quemaran y arrasaren. Y es que todos los vecinos, vecinos de Villabrate, nombre primero del pueblo, fueron a su Rey desleales afiliándose a los nobles contra intereses reales. Y el Regente del Monarca venga este agravio tan grande calcinándoles la villa con sus casas y heredades. Del gran Cardenal Cisneros fue cuna y tú bien sabes lo que este hijo representa de la historia en los anales.
Fue el Regente más regente y obispo de gran carácter, gloria y prez de nuestra patria y del pueblo Villafrades. Cuando el fuego se apagó el pueblo se fue hacia el valle donde los benedictinos honraban la bella imagen de la Santísima Virgen para ellos Señora y Madre. La llamaban Grijos Albos porque un religioso fraile, rezando al lado del río, muy cerca de Villafrades, observó como cantando y saltando entre zarzales, indicaba alguna cosa con su canto y vuelo un ave.
 El fraile benedictino la mira y entusiasmado sigue contemplando el ave y escuchándole su canto. Y al observar cómo baja hasta una parva de cantos y con el pico y las patas va quitando los guijarros que ocultaban un objeto por los guijarros tapado, se acerca el bendito fraile y sin miedo, con sus manos, junta su labor de limpia a la labor de aquel pájaro. Y después de trabajar, quitando gruesos guijarros, pudo observar una imagen blanca como eran los cantos.
La sacó de aquél lugar y con el ave cantando se la trasladó al convento a los frailes indicando que ese cantor ruiseñor fue quien le hizo este milagro de decir dónde se hallaba esta imagen, con sus cantos. El abad mandó tocar las campanas y cantando las vísperas de aquel día, observó cómo aquel pájaro alrededor de la Virgen cantando y revoloteando cayó de repente al suelo muerto; pero alado, cumplida ya su misión, en el templo lo enterraron entre arena y entre tierra, flores blancas y guijarros. Esta es la historia o leyenda. Como a mí me la han contado así te la cuento yo: fraile, guijarros y un pájaro.

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El dragón del Sequillo (Villafrades de Campos, Valladolid)


Una vieja leyenda de las muchas que se cuentan sobre los ríos campesinos y los misterios de los monstruos que habitan en su fondo es esta historia o fábula del dragón del río Sequillo que vivía escondido entre el lodo de su lecho y tenía atemorizados a los habitantes de los pueblos de su margen con sus aullidos.
 Dicen que cuando se acomete la construcción de la Iglesia de Santa María de Rioseco noche tras noche el monstruo, que llegaba por las aguas del río Sequillo, arruinaba lo que se había hecho el día anterior ante la desesperación de los riosecanos. Con el fin de acabar con el temido dragón los pueblos que sufrían las consecuencias de su ira deciden dar una recompensa a aquella persona que consiga acabar con él, ofreciéndose para ello voluntario un preso que cumplía pena en la cárcel de Rioseco a cambio de su libertad.
El preso agudizando su ingenio decide fabricarse un escudo con un espejo donde se reflejara la imagen del dragón al que pretendía matar. Al llegar frente al monstruo, éste ve reflejado en el espejo otro animal de la misma especie y se prepara para atacarlo abriendo sus enormes fauces, es el momento que el preso aprovecha para atacarle con su lanza, que tenía escondida tras el espejo, y atravesándole con ella consigue dar muerte a la temida bestia. Los pueblos felicitan y vitorean tal gesta al verse libres de las garras del temido monstruo y ponen en libertad al soldado preso que consiguió la hazaña.
Otra versión de esta fábula dice que el cocodrilo lo soltaron los franceses durante la guerra de la Independencia para amedrentar a las gentes que temerosas al ver semejante bicho tan enorme navegando por las aguas del Sequillo accedían sumisamente a cualquier imposición o petición de los soldados franceses. También hablan de un simple lagarto que podría tratarse de una piel que enviase un exvoto riosecano desde las américas y hoy se puede ver en la Iglesia riosecana, donde en el dintel de su puerta cuelga la piel del lagarto del que se habla en esta leyenda.
 Lo cierto es que de siempre se ha oído decir a nuestras abuelas que el alma del citado monstruo aún sigue viva y habita en el fondo del Sequillo a la que responsabilizaban de las continuas catástrofes a las que sometía a los pueblos de la fábula con sus temidas riadas que ferozmente arruinaba sus casas como antes destruyera la construcción de la iglesia riosecana.

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