viernes, 26 de diciembre de 2025

La mora (Gondomar, Pontevedra)

 Jose Luis Alonso se crio entre historias en su casa familiar de Morgadáns (Gondomar). Cuando era niño, en las tardes frías de invierno se juntaban y relataban cuentos. Historias que habían pasado de generación en generación y que su abuela guardaba con cariño. Una de ellas pasaba en el monte Caldeirón, «preto do Coto dos Ulleiros e un pouquiño por baixo dos Liñares», matiza Jose Luis. «Alí unha laxe, un lugar máxico, onde residía unha moura», una figura mítica de la tradición oral en Galicia que se solía relacionar con mujeres jóvenes de gran belleza que solían estar ligadas o fijadas a un lugar concreto donde escondían un tesoro.

«Seica agochaba naqueles lugares unha morea de ouro, unha fortuna que ninguén daría gastado na sua vida», continúa Jose Luis, que recuerda que «era unha belísima dama, sen dúbida doncela, que adoitaba tomar o sol á tardiña espida enriba dunha laxe». La moura se aparecía en «contadas ocasións, sempre co propósito de acadar quen a desencante». El hecho de romper un maleficio es algo habitual en las leyendas de mouras en Galicia. Por ejemplo, en Coruxo, tienen un lugar que conocen como la Pedra da Moura. Allí, explica el vicepresidente de la Comunidad de Montes de Coruxo, Afonso Rodríguez González, para liberar a la moura y recibir el tesoro se debía superar una prueba. La moura se transformaría en una serpiente gigante que recorrería su cuerpo hasta colocar un clavel rojo en su boca. «A muller insistiu que durante todo o proceso non se debía mover nin mencionar a Deus, pero cando a serpe, que era ben gorda, comezou a rodear o seu peito se lle escapou un ‘meu Deus'», explica Afonso.

En el caso de Morgadáns la historia es similiar. «A condición para desencatala é que o tal home, que podería ser calquera que tivera valor abondo, ten que presentarse á hora da media noite, naquela laxe, armado con unha fouciña afiada. Amosarase ós seus ollos unha descomunal serpe, que é a gardián do tesouro. Só aquel que logre, sen sentir ningún medo, picar ca punta da fouciña o rabo da serpe, acadará liberar a dama do meigallo e será merecente de recibir toda a fortuna», explica Jose Luis, que recuerda que la persona que no pudiera romper el maleficio tendría un desenlace fatal. «Nunca saberemos cantos homes cegados pola avaricia tentarían enfrontarse ó estarrecedor monstro. O que sí parece ser, é que a engaiolante moza segue por alí, talvez algo mais lánguida e tristeira, ó comprobar que non xurde home que sexa quen de liberala do meigallo. O medo é libre», finaliza el vecino de Morgadáns.

Esta es una de las leyendas que Jose Luis guarda con cariño. Son el legado que, sin saberlo, le regaló su abuela. Ella era una mujer «que foi labrega toda a vida. Que tiña relación cos lugares, que sabía como se chamaba todo», continúa. Ella se fue y se llevó todo un legado de historias y nombres que dan forma a la identidad de Morgadáns. «Aínda estamo a tempo de tratar de salvar a toponimia e as lendas que teñen os nosos maiores», continúa. Su madre todavía le sorprende con alguna historia que no conoce hoy.

«É alarmante ver como todo se está a perder tan rápido», continúa. Él ha centrado parte de su tiempo libre a recoger estas historias y a divulgarlas. «Quero que a xente as coñeza. Espertar un pouco a veciñanza para que poidan ver as historias que agocha o noso Morgadáns», incide Jose Luis, aquel niño que creció escuchando las historias de su abuela en los días fríos de los inviernos de su infancia.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Ruta de los Arrieros (Fornelos de Monte, Pontevedra)

 La Ruta dos Arrieiros conectaba Ourense con Pontevedra y fue clave para el comercio del vino del Ribeiro. Su importancia económica propició la aparición de numerosas posadas, especialmente en la parroquia de Verducido, que llegó a tener 14 en una comunidad de apenas 100 casas.

Este camino también está vinculado con la leyenda de Pepa a Loba, una famosa bandolera que, junto con su grupo, operaba en el Coto dos Ladróns, un conjunto de formaciones graníticas en A Laxe. Se cuenta que los vecinos debían pagar tributos en especie para evitar ser atacados.

Una estructura clave en esta ruta fue el puente medieval de Ponte Anceu, con cinco arcos, comparable en importancia a los de Sampaio o Ramallosa. Su ubicación estratégica ayudó al auge económico de la región y provocó un notable flujo migratorio.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Sierra del Suído (Fornelos del Monte, Pontevedra)

 La Sierra del Suído, que separa Pontevedra de Ourense, ha revelado un gran número de petroglifos, hallados en lugares como Pedra do Valdegato (Verducido) y Pedra do Home (Estacas). Además, en la zona de Costas de Alén se descubrieron más de 30 edificaciones enterradas cuya función sigue siendo incierta. La tradición oral sostiene que pudieron utilizarse para enterrar a personas afectadas por la peste u otras enfermedades contagiosas.

El nombre Costa de Alén tiene dos posibles orígenes: por el río Alén, que separa Estacas de Barcia de Mera, y por una antigua creencia que afirmaba que allí se enterraba a los muertos. Según la leyenda, durante una gran peste, la gente era llevada a ese lugar para morir. Una historia cuenta que un niño llevó allí a su padre moribundo. Antes de morir, el padre le dijo: “Lo que estás haciendo conmigo, no se lo hagas a nadie más.” Al día siguiente, el niño volvió… y encontró a su padre sano.

En 2024, una investigación arqueológica en Costas de Alén reveló una fecha grabada en piedra: 1715, lo que confirma actividad en la zona en esa época. Se hallaron restos de hogueras y estructuras empedradas que indican una ocupación prolongada. También se descubrieron numerosos chozos (refugios de pastores), destacando los de Casariños, en la parroquia de A Laxe, bien conservados gracias al trabajo de la Comunidad de Montes.

sábado, 6 de diciembre de 2025

La leyenda del Monte Cidade y la Ruta de los Arrieros (Fornelos de Monte, Pontevedra)

 El Monte Cidade fue un espacio habitado hasta aproximadamente el año 1800. Existen teorías y leyendas sobre su uso, una de las cuales sugiere que pudo haber sido un refugio para judíos que huían de Pontevedra a través de la conocida Ruta dos Arrieiros. Esta ruta, considerada la “autopista” de la época, era vital para transportar el vino del Ribeiro hasta Pontevedra, desde donde se exportaba.

Otra hipótesis sostiene que el Monte Cidade fue un núcleo de pastoreo, ya que cuenta con un acueducto construido para transportar agua entre los lados de las viviendas, lo que sugiere una presencia estable. También se cree que pudo ser un espacio dedicado al curtido de pieles, debido a la cercanía del río Barragán, cuyas aguas se habrían utilizado en ese proceso.