domingo, 19 de agosto de 2018

Santa Eulalia y la densa niebla (Santa Olalla del Cala, Huelva)


Eulalia nació en Emerita Augusta (Mérida) en torno al año 292 D.C. aunque algunas fuentes la sitúan más tarde, en tiempos del emperador Traiano Decio (249-251). Vivía en una familia acomodada, era la hija del senador romano Liberio y tanto ella como su familia eran cristianos. Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció un decreto del emperador Diocleciano que prohibía dar culto a Jesuscristo y obligaba a venerar a sus dioses paganos. La joven, muy cercana a la religión cristiana se llevó un gran disgusto. Sus padres, conociéndola, decidieron salir de la ciudad e irse a vivir al campo, a una casa situada junto al arroyo Albarregas. Intentaban con esto evitar así a un destino que se le antojaba fatal.
Pero el 10 de diciembre del año 304, Eulalia se escapó de casa y se presentó ante la magistratura romana de Emérita Augusta dispuesta a protestar por lo injusto que consideraba este decreto. La joven se plantó frente al gobernador Aurelius Ursinusy se quejó de unas leyes que no podían ser obedecidas por los cristianos. En un principio el gobernador, pensando que no se trataba más que de una niña caprichosa, intentó convencerla con regalos y promesas para que cambiara de opinión, pero visto que no conseguiría nada por ese camino le mostró los instrumentos de tortura a los que se podía enfrentar si no obedecía la ley del emperador.
Aurelius le dijo a Eulalia:
-          De todos estos sufrimientos te librarás si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en sus altares
 Eulalia tomó el pan lanzándolo lejos, arrojó por el suelo el incienso y exclamó con gallardía:
-          ¡Al sólo Dios del cielo adoro, a Él únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más!
 Colmada la paciencia del gobernador, muy enojado mandó torturarla:
-          Encended unas candelas y aplicádselas sobre las rodillas. Desgarrad sus vestidos y destrozad sus pechos. Haced lo que sea, pero que una niña no se pueda reír de nosotros
 Los soldados romanos golpearon su cuerpo sin descanso, la azotaron con varillas de hierro, vertieron sobre ella aceite hirviendo y sobre sus heridas colocaron sal y antorchas encendidas. La arrastraron desnuda y herida por las calles de Emérita Augusta, pretendiendo así ridiculizar su virginidad, pero quiso Dios salir a escena y extendió una densa niebla por toda la ciudad mientras Eulalia era paseada desnuda. Los emeritenses no podían reprimir sus gritos de horror ¿Qué podría haber hecho esa niña para merecer tan cruel castigo?
Herida de muerte por las quemaduras y heridas que sufre su cuerpo, fue conducida al Foro donde es enjuiciada y se la sentencia a la pena capital. Muere crucificada sobre un madero. Tras su muerte, la tarde comenzó a volverse gris y oscura y empezó a caer sobre Mérida una copiosa nevada. Cuenta el poeta Prudencio en el siglo IV, queal morir la joven una hermosa paloma blanca salió de su cuerpo y voló hasta el cielo, sus verdugos, llenos de pavor, salieron huyendo. Su cuerpo inmóvil nadie quiso amortajarlo, la nieve fue la mortaja que le mandó Dios y que Roma le negó. La nevada cubrió su cadáver durante varios días hasta que un grupo de ciudadanos cristianos le dieron honrosa sepultura.
En el lugar en que fue ejecutada se erigió un martyrium y sobre él fue mandada construir por el obispo San Fidel de Mérida en 560 una basílica. En el atrio de la actual Basílica se conserva el famoso “hornito”, construido en el siglo XVII sobre los restos de lo que fuera un antiguo templo romano dedicado al dios Marte. Se cuenta que en este lugar fue martirizada Eulalia y aquí descansa su cuerpo.
Desde entonces y todos los años, los días cercanos a su festividad, 10 de diciembre, una espesa bruma se extiende sobre la antigua Emérita Augusta, son “Las nieblas de la Mártir”.
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